Tempestades sureñas

  • La poeta Lola Crespo y el músico Fau Trujillo evocan este jueves en la Feria del Libro a leyendas del 'blues'

"Cada tarde, Jane se reúne con su banda en el mismo bar. Y cada tarde, de las yemas de sus dedos brotan lluvias, ríos, flores, pájaros y un azul que trae el olor de más allá de esta ciudad que la vio nacer". La poeta Lola Crespo y el músico Fau Trujillo actuaron por primera vez conjuntamente hace poco más de un año, cuando la autora presentaba su libro La muerte sobre un caballo pálido, y tras aquella experiencia buscaban una oportunidad que uniera de nuevo sus talentos. Fue una de las guitarras que restaura Trujillo, "del sur de los Estados Unidos, de los años 40 y 50", un ejemplar de la legendaria marca Regal, lo que sembró la semilla de un nuevo proyecto. Antes de vender aquel instrumento, el propietario reveló que pertenecía a su abuela; Trujillo le contó ese detalle a Crespo, y en la cabeza de la escritora se desató la curiosidad. "Yo me preguntaba cómo se llamaría ella, dónde tocaría, si en la casa o en algún local... Hace unas décadas, ser mujer, negra y actuar en bares no era precisamente fácil. Y a partir de ahí empezamos a imaginar la vida de esa señora de la que nunca supimos su nombre", recuerdan. Ellos bautizaron a aquel personaje como Jane Lee. Y Crespo fue tejiendo la historia de aquella figura: "La guitarra de Jane Lee es de caoba y abeto, y huele a licor y a humo azul (y a sueños que no conocen los límites de una orilla)".

Esos apuntes fueron el pilar sobre el que Crespo y Trujillo fueron edificando A la sombra de Robert Johnson, un librito con las biografías poéticas de diversos bluesmen que el tándem ha interpretado ya en varios conciertos y que abordarán junto a su banda, la Purple Snake Blues Band, en uno de los primeros actos de la Feria del Libro. En Como quien lee un blues. A la sombra de Robert Johnson, programado este jueves a las 21:30 en la Pérgola de la Plaza Nueva, el grupo revive con un espectáculo en el que combinan la música y el spoken word a leyendas como Bessie Smith o Sister Rosetta Tharpe. Un conjunto de personajes malditos, sufrientes y gozosos, "que querían ser felices, como todos, pero en unas circunstancias difíciles", señala Crespo, "gente con vidas disolutas, transgresoras, al límite", una actitud que encuentra su máximo exponente en el enigmático Robert Johnson, fallecido a los 27 años en circunstancias misteriosas -"dicen que envenenado por el marido de su última amante"- y en cuyo retrato solía añadirse que este músico que dejó una enorme huella en las generaciones que le sucedieron había vendido su alma al diablo.

Con todas esas historias desgarradas y fabulosas, con la lectura "tan mística y tan bonita que proponía Lola de ellas", Trujillo encontró el material para "el proyecto potente de blues que quería hacer". Fue un proceso conjunto de creación en el que "uno no renunciaba a una nota y la otra a una palabra", pero en el que supieron trasladar con fortuna la mitología y la poética de un género único. "Hay una granja bananera en la que el blues es el pan nuestro de cada noche. Una granja con una casa en la que un niño aún no sabe cuánto dura la noche, cómo se abre una caja de tres llaves o dónde está Alabama", dice uno de los fragmentos de A la sombra de Robert Johnson. Crespo ya se había inspirado anteriormente en otros artistas: para La muerte sobre un caballo pálido (editado por El Cangrejo Pistolero) lo hizo en el pintor J. M. W. Turner, "del que se contaba que un día de tempestad había pedido que lo ataran al mástil del barco, para plasmar la desmesura del temporal. En ese libro, que hablaba de miedos y del desarraigo, tomé esa imagen para reivindicar ese comportamiento romántico cuando la vida se pone difícil".

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