Entre la materia y el signo

  • Metropolisiana edita 'Un cine febril', un lúcido ensayo en el que Alfonso Crespo enfrenta 'El enigma de Kaspar Hauser' de Herzog a las claves del cine moderno

Quien siga con regularidad las páginas de Diario de Sevilla, habrá podido comprobar cómo las breves críticas de cine en televisión que publica diariamente Alfonso Crespo superan con creces la habitual urgencia informativa y valorativa que se le requiere al formato. En apenas unas líneas, sus reseñas consiguen la pequeña proeza estilística de conjugar información, contexto, anecdotario y una rigurosa capacidad de análisis que dejan entrever la condición del crítico como escrupuloso (y sin embargo ameno) buscador de esencias en toda aquella película que cae en sus manos. Bien podríamos decir que cada reseña del autor conlleva un pequeño e intenso ejercicio de auténtica teoría cinematográfica. A saber, poniendo en relación su erudición cinéfila con los trazos de un pensamiento que ayuda a colocar y recolocar a las películas en su justo lugar en la Historia, que es, en definitiva, de lo que se trata. Por si esto fuera poco, a Crespo le reconocemos y agradecemos también un fino sentido de la ironía y un didáctico empeño en poner al día un lenguaje crítico que todavía tiende, en sus inercias y vicios adquiridos, a juzgar y valorar a través de un canon que convendría revisarse.

Muy experimentado, por tanto, en el terreno corto y en la urgencia periodística, también en la crítica de cine más seria y rigurosa que se escribe hoy en este país (véanse sus textos para las ediciones de Intermedio o para foros como www.trendesombras.com), y bautizado ya en un par de libros de cierto empaque (Claire Denis. Fusión fría, para el Festival de Gijón, y el libro sobre el nuevo documental español El batallón de las sombras, del que es coordinador), Crespo publica ahora su primer ensayo cinematográfico en la recién alumbrada editorial Metropolisiana. Un ensayo, nacido de sus felices y no suficientemente bien aprovechados días de investigador universitario, en el que concilia su pasión de juventud por el cine de Werner Herzog, cineasta de locos, excéntricos y raros bajo el signo del Romanticismo filtrado por la Modernidad, y su cada vez más pulida capacidad analítica. Un ensayo que encuentra en las imágenes de la memorable El enigma de Kaspar Hauser (1974) motivos más que suficientes para desplegar una interesante serie de ideas sobre el cine, el de ayer y el de hoy, que no el de siempre.

Porque este Cine febril tiene algo de declaración de principios, de lucha contra los tópicos y la banalización del arte cinematográfico y sus discursos críticos, de ejercicio de resistencia desde la lucidez y el rigor incontestable del análisis textual, en su afán persistente, machacón incluso, por arrojar un poco de luz sobre cuestiones esenciales -el clasicismo, la modernidad, la posmodernidad- que todavía hoy se manosean y trivializan sin que se sepa muy bien a qué hacen referencia exactamente.

Pertrechado de un sólido bagaje teórico (por su libro circulan con fluidez y claridad conceptual Bazin, Morin, Benjamin, Sontag, Burch o referentes más cercanos como Quintana, Font, Martín o Alonso), Crespo nos anuncia un recorrido por El enigma de Kaspar Hauser, aquel buen salvaje caído en manos de la civilización burguesa, desde un necesario capítulo inicial en el que expone, a partir del rastreo ontológico de los orígenes fotográficos del cine, una interesante reivindicación (para una posible reescritura y relectura de la Historia) de aquellos procesos en los que el registro automático de la cámara, la huella de lo real, persiste radicalmente sobre toneladas de maquillaje retórico (la maquinaria, el relato, la dramaturgia, la interpretación, la academia…) empeñadas en sepultarlo, ya desde los primeros días tras su nacimiento, para apartarlo así de su originaria condición de artefacto moderno.

En el minucioso (y literal) detenimiento en las miradas a cámara de algunos instantes de la película, una cinta que no casualmente inscribe en su relato una metáfora sobre la propia tesis del autor (Hauser como víctima del lenguaje y sus discursos oficiales), en la constatación de la preeminencia del cuerpo sobre el personaje, en la materialización fílmica del espectador como vértice de la mirada y el sentido, en el origen ignoto, rugoso y descontextualizado de ciertas secuencias, descritas y desmenuzadas con una precisión entomológica e ilustradas al detalle para lectores desmemoriados, este ensayo va construyendo página a página una regeneradora y gozosa fórmula de limpieza y desinfección de la mirada para aquellos que quieran acercarse al cine con ojos renovados, desprovistos de prejuicios, dispuestos a observar y a escuchar frontalmente las imágenes y los sonidos que Herzog y otros cineastas de la modernidad nos pusieron por delante.

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