Aalguien se le olvidó una maleta en un tren de media distancia que cubría la ruta entre Sevilla y Jaén. Otra persona la descubrió y el mundo quedó paralizado en Peñaflor, cuando eran las 08:55 del miércoles 31 de enero. Dos horas después, el tren pudo reanudar su marcha. Por medio, los técnicos del Tedax inspeccionaron la maleta y llegaron a la conclusión de que no estaba cargada de explosivos. ¿Qué precio ha tenido ese descuido? ¿Cuánto ha costado a los españoles? Puede que no sea tanto el gasto como las molestias causadas. La noticia de la maleta fue difundida en toda España. El delegado del Gobierno en Andalucía, Antonio Sanz, dio las explicaciones oficiales. Hasta ahí llegó.

Los pasajeros del tren fueron trasladados en autobuses, desde Peñaflor a Palma del Río, para seguir en otro tren. Renfe estableció un plan alternativo de transporte, entre esas dos localidades, mientras duró el dispositivo. Resultaron perjudicados tres trenes de media distancia que debían circular entre Sevilla-Córdoba y Jaén, y uno que viajaba desde Sevilla a Barcelona. Por supuesto, se trasladaron a Peñaflor cámaras de televisión, periodistas, guardias civiles, personajes diversos…

En materia de prevención del terrorismo, todas las precauciones que se adopten son pocas. Por ello, entendemos lo ocurrido y lo disculpamos. No obstante, hay que reflexionar sobre el miedo causado por la difusión de ciertas medidas. La digitalización de la información inmediata tiene ese riesgo: convertir una simple estupidez en una alarma sin fundamento.

Faltó poco para que pidieran un viaje del ministro del Interior, Juan Ignacio Zoido, al lugar de los hechos, como el día de la gran nevada. Dirían que viajaba a Peñaflor porque está cerca de Sevilla. Ningún partido ha pedido explicaciones a la persona que olvidó la maleta. A veces también pasa en los aeropuertos, pero nadie se entera.

Hemos llegado a tal nivel que hasta se podría olvidar una maleta con premeditación, sólo para asustar. En otros tiempos algunos gamberros llamaban a las facultades con amenazas de bombas cuando había exámenes. La diferencia es que no se publicaba en los medios de comunicación, ni daban explicaciones oficiales.

En la sociedad actual nadie asume los costes de los errores e imprudencias individuales. Hay personas que se arriesgan a lo prohibido, o que simplemente no recogen su maleta. Y tiene consecuencias.

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