Desde mi córner

Luis Carlos Peris

Abominando de las campañitas

Resulta nauseabundo culpar a los arbitrajes de una supremacía tan incuestionable como la del Barça

NAUSEABUNDO asunto el que se ha abierto entre el periodismo madridista y el azulgrana a cuenta de los arbitrajes. Lo ha denunciado el propio Guardiola como muy malo para el fútbol. Es, efectivamente, malo para el fútbol un partidismo tan exacerbado, pero es que desde fuera se ve ridículo a más no poder. Que la hagiografía madridista clame contra los arbitrajes mueve al sonrojo, pues si el Realísimo se queja de la labor arbitral no sé qué podrían hacer los que pescan en ruin barca. Y lo dice uno que ha visto cómo al Realísimo le han validado jugadas clamorosas a su favor, siempre a su favor y desde el principio de los tiempos.

Y lo mismo digo de los regalos recibidos por el Barça y que ahora parecen más elocuentes por una razón clarificadora, la de su incuestionable supremacía en el terreno de juego. En Barcelona están que trinan contra esa calificación de villarato, que suena a pataleta y a encabronamiento por hacer de galgo o de podenco durante tanto tiempo. Los que esgrimen ese concepto y que no se recatan de escribir con la camiseta blanca encasquetada bien debieran ser tan activos a la hora de arremeter contra los errores arbitrales, que siempre, no se olvide lo de siempre, cayeron en abrumadora mayoría para perjuicio del más débil, siempre en perjuicio del de menor entidad.

La cuestión es que si se queja el Madrid, o los que publicitan su imagen, hasta qué punto puede quejarse el Sporting, el Racing o ese Betis que partió con el sellito espurio de ser el Madrid de Segunda y que de eso tiene, si acaso, el trato que recibe de los árbitros. No es bueno este estado de cosas porque nunca lo es analizar el panorama con unas gafas monocolores. Ya sé, y tanto que lo sé, que la objetividad es un bien raramente alcanzable por el hombre en todas las facetas de la vida. Lo sé y, quizás por eso, me repatea que los aparatos de propaganda de los más fuertes sean tan tendenciosos, tan ventajistas, tan dados a pataletas de niños mal criados.

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