La ciudad y los días

carlos / colón

Adiós a Strassera

EN Buenos Aires, a los 81 años, ha muerto Julio César Strassera, el fiscal que en 1985 instruyó la causa contra los jerarcas de la dictadura argentina Videla, Massera, Viola, Lambruschini y Agosti. Lo más apasionante de la historia de este hombre luminoso son sus sombras: formó parte del aparato judicial, como juez y fiscal de primera instancia, de la dictadura a la que después acusó. Según sus detractores -entre ellos los Kirchner- abandonó el barco de la dictadura cuando se hundía. Según sus defensores, que son más, vivió un doloroso proceso de toma de conciencia durante los cada vez más degradados años 70 argentinos, los del regreso de Perón, María Estela Martínez -Isabelita-, López Rega -El Brujo-, la Triple A, los Montoneros y el golpe del 76.

Una conciencia construida a golpes de sombras que brilló, suscitando la admiración universal, en el juicio contra los militares; y cuyo emocionante alegato final consagró el "nunca más" con el que Ernesto Sábato tituló el informe de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas, por sugerencia del rabino Marshall Meyer quien a su vez lo tomó de los supervivientes del gueto de Varsovia. En homenaje a Strassera reproduzco unos fragmentos de este discurso.

"Este proceso ha significado (…) una suerte de descenso a zonas tenebrosas del alma humana, donde la miseria, la abyección y el horror registran profundidades difíciles de imaginar antes y de comprender después. Dante Alighieri (…) sumergía en un río de sangre hirviente y nauseabunda a cierto género de condenados, así descritos por el poeta: 'Estos son los tiranos que vivieron de sangre y de rapiña. Aquí se lloran sus despiadadas faltas'. Yo no vengo ahora a propiciar tan tremenda condena para los procesados, si bien no puedo descartar que otro tribunal, de aún más elevada jerarquía que el presente, se haga oportunamente cargo de ello. Me limitaré pues a fundamentar brevemente la humana conveniencia y necesidad del castigo. (…) Salvo que la conciencia moral de los argentinos haya descendido a niveles tribales, nadie puede admitir que el secuestro, la tortura o el asesinato constituyan hechos políticos o contingencias del combate. (…) Señores jueces: quiero renunciar expresamente a toda pretensión de originalidad para cerrar esta requisitoria. Quiero utilizar una frase que no me pertenece, porque pertenece ya a todo el pueblo argentino. Señores jueces: Nunca más".

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