RELOJ DE SOL

Joaquín Pérez-Azaústre

Amparo Muñoz en Archidona

ESTE fin de semana, en Archidona, se ha entregado el premio del Festival Archidona Cinema a la actriz Amparo Muñoz. Fue el sábado por la noche, después de ser aplaudida en un teatro que fue también el paso de unos sueños. Es difícil explicar lo que ocurrió el sábado por la noche en Archidona, hasta qué extremo el afecto de una localidad que se reconocía también en esa peripecia cinematográfica y vital podía abandonarse hacia la actriz. Así Amparo Muñoz, que ha sido mucho más que la muñeca frágil desgarrada por la apisonadora de la vida, se vio reconocida en Archidona no sólo por su solidez de actriz crecida, cincelada a lo largo de unas cuantas decenas de películas, sino también por una simpatía que en su caso es una cualidad del corazón.

En el caso de Amparo, como tituló su biógrafo, el periodista Miguel Fernández, la vida fue el precio: el precio de los ecos incipientes, de una exposición ante los focos de una ingenuidad que era belleza. Pero belleza niña y sin pulir, belleza sin contarnos una historia. La belleza de Amparo Muñoz era una belleza cinematográfica, era una belleza proyectada sobre los afectos de la cámara. Sin embargo, lo que al principio es una mera cuestión de fotogenia, poder aglutinar unos cuantos planos buenos por película, en el teatro adquiere otra medida, u otra dimensión: porque sobre el escenario de un teatro no mandan los primeros planos, sino una densidad que es el puro carisma personal. La única obra de teatro que figura en la carrera interpretativa de Amparo Muñoz es La habitación del hotel, de José Luis Miranda, que ha contado cómo la presencia de Amparo en el teatro ya llenaba toda la sala por sí misma. Y esto, para una actriz de cine que venía quizá de acariciar su cumbre más rotunda, la lograda en Familia, de Fernando León de Aranoa, para saltar después al teatro, no es solamente una valentía, sino también una pirueta que remarca todos sus registros como actriz. Uno tiene la impresión de que Amparo Muñoz, en la interpretación como en la vida, no ha tenido reparos a la hora de enfrentarse a cualquier reto, de cambiar de dominio o de frontera para nacer o renacer de pronto, pero siempre con brío, con coraje y pasión.

Sólo las pasiones nos conmueven, como la generosidad o el genio. El hermoso Festival Archidona Cinema ha homenajeado no únicamente a la actriz de puro instinto en Mamá cumple cien años, de Carlos Saura, sino también a una portentosa mujer que ha sobrevivido al malditismo del calor de la púrpura gaseosa: la mujer que se ofrece, entre las páginas de la biografía cálida y sincera de Miguel Fernández, La vida era el precio, con el mismo cariño arrollador con que siempre cruzó su alfombra roja.

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