Tribuna

María Espinosa / Neuropsicóloga

Cambios durante el embarazo

NO cabe duda de que en muchos casos el embarazo de una mujer no sólo tiene un lado positivo marcado por la ilusión de tener un hijo y la esperanza de que éste suponga un antes y un después en la vida, sino también un lado menos amable debido a los importantes cambios físicos que se producen y, especialmente, a diversas preocupaciones que afloran sobre si la gestación seguirá un curso feliz. Estas preocupaciones derivan en estados de ansiedad, una emoción que surge en situaciones en la que existe incertidumbre sobre si algo que verdaderamente nos importa saldrá como queremos. Estos estados de ansiedad suelen producirse sobre todo cuando se acercan ciertas pruebas que indicarán cómo está evolucionando el embarazo y, en la mayoría de las mujeres, cuando se acerca el momento del parto.

Si conocer la esencia de por qué se produce este estado emocional nos permite considerar que es natural experimentarla en algún momento durante el curso de un embarazo convencional, pensemos en el embarazo de una mujer que sufre epilepsia. En este caso su periodo de embarazo puede verse inundado por diversas preocupaciones sobre el posible efecto de su enfermedad en el hijo que está gestando. Estas preocupaciones aumentarán la incertidumbre con la que se viven su embarazo provocando estados de ansiedad con mayor frecuencia y de mayor duración. Concretamente estas mujeres informan temores sobre el efecto que puede tener la medicación antiepiléptica que toman, la aparición de una crisis durante el embarazo, o la posibilidad de que su hijo herede la enfermedad. Pero las preocupaciones no acaban con el nacimiento del hijo, ya que durante el periodo de lactancia se cuestionan si los fármacos antiepilépticos pueden perjudicar la calidad de la leche materna. Con respecto a todas estas preocupaciones, sin negar que la condición de sufrir epilepsia supone mayores riesgos, sí se puede afirmar que en más del 90% de los casos los niños nacen completamente sanos, y que todo lo dicho pone de manifiesto la necesidad de información y atención psicológica especializada para estas mujeres.

Si la ansiedad se produce por la incertidumbre sobre un desenlace, un buen antídoto es la certidumbre que proporciona el conocimiento. Por ello es altamente necesario que el personal sanitario les comunique toda información de que disponga para eliminar falsas creencias que conduzcan a presagios infundados o a sobreestimaciones en las probabilidades de que ocurren desarrollos no deseados. Todo ello acompañado además de una ayuda psicológica que les permita comprender la naturalidad de sus estados de ansiedad, y que haga llegar a su entorno las pautas necesarias para que sus estados de ansiedad no sean una espiral que afecta y es afectada por el entorno. Esta atención psicológica cobra mayor necesidad si cabe a tenor de recientes investigaciones en las que se observa que estas mujeres tienen mayor probabilidad de sufrir depresión postparto.

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