Las dos orillas

José Joaquín León

Carla Bruni, un problema

UNO de los principales problemas que tiene ahora Francia, y con ella Europa, es Carla Bruni. Es el asunto que más apasiona a nuestros vecinos del Norte desde que se conoció su relación n el presidente de la República Francesa, Nicolas Sarkozy, y en particular desde que aparecieron paseándose acaramelados por las ruinas de Luxor, en el viaje a Egipto. También han tenido un problema de protocolo con la India, el país originario del Kama Sutra, pero que es muy estricto en cuestiones de moral pública. Se ha cortado por lo sano: ella se quedó en Francia.

Lo curioso es que el asunto privado de esta relación ha pasado a ser de interés mundial. En Alemania, la señora Merkel, tan seria, está que trina. En España, donde apenas se le echa cuenta a la política francesa excepto cuando afecta a ETA o hay elecciones, son públicas y notorias todas las andanzas de la pareja. Y, para colmo, una revista erótica para hombres ha publicado unas fotos de Carla Bruni de las que no gustan nada a las feministas; esto es, para calentar el ambiente: sin ropa, tan sólo con unas botas, si bien estratégicamente dispuesta con brazos y piernas para que el desnudo no sea integral. Ella ha advertido que esas fotos se hicieron antes de conocer a Sarkozy. Pero estas son cosas que pasan cuando se han tocado todos los palos. La Bruni ha sido top-model, cantante y ahora puede llegar a primera dama, que es tanto como decir la reina de Francia.

Reciclamos y cruzamos los Pirineos hacia abajo para hacer otro ejercicio de política-ficción. ¿Se imaginan la que se hubiera formado en España, ese país tan liberal, si esto lo hace el Rey? En ese caso, hubieran salido a escena los teóricos de la Tercera República para declarar que la Monarquía está caduca y es impresentable, que sólo sirve para las revistas del corazón y cosas así que dicen. Aquí se separó la Infanta Elena, con naturalidad y sin escándalo, y los comentarios han durado varias semanas. Tanto gustillo se le tomó al asunto que empezaron a circular rumores sobre una falsa ruptura entre José María Aznar y Ana Botella, hasta que el ex presidente reaccionó.

Nicolas Sarkozy tiene pinta de ser un buen estadista, pero es también un personaje peculiar que quiere jugar a todo, quizá un prisionero de sus propias contradicciones internas. En Francia se divorcian mucho, se ve que tienen muy asumido lo del divorcio exprés. Después de las elecciones presidenciales, a la candidata que perdió, la socialista Ségolène Royal, le faltó tiempo para plantar a su marido, François Hollande, secretario general del PSF. Y poco después Sarkozy hizo lo mismo. Carla Bruni puede ser su tercera esposa, pero de momento es un problema: la demostración de que la erótica-erótica es más fuerte que la erótica del poder.

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