Crónica personal

Pilar / cernuda /

Cena en Lucio

ERA privada pero querían que trascendiera. Si los cuatro presidentes y el propio rey Juan Carlos hubieran pretendido mantener en secreto su reunión lo tenían muy fácil, la cena se podía haber celebrado en Moncloa, puesto que Rajoy era el que tomó la iniciativa. Pero eligieron Lucio, el restaurante que permanentemente acoge a figuras nacionales e internacionales y cuyas puertas vigilan a diario los periodistas. Es fácil llegar a la conclusión de que Rajoy, González, Aznar y Zapatero querían que quedara constancia de su respeto, consideración y seguramente afecto personal al rey Juan Carlos. Deseaban rendirle un homenaje muy especial, y aprovecharon que se cumplía el primer aniversario del relevo en la Corona, así como la fecha de San Juan.

Hay varias lecturas en ese encuentro. La evidente, que los cuatro presidentes de gobierno vivos, las cuatro personas que mejor conocen el papel que ha desarrollado don Juan Carlos en la historia reciente, querían demostrar que por encima de las polémicas de sus últimos cuatro o cinco años de reinado, en los que ha habido tantas decepciones que el propio Rey pidió perdón por los errores cometidos, daban más importancia al plato de la balanza en la que colocaban su trabajo, sus logros, su esfuerzo personal y el papel fundamental que tuvo antes, durante y después de la Transición. Antes, precisamente para preparar la Transición y, después, para apuntalarla ante las numerosas operaciones desestabilizadoras. González, Aznar, Zapatero y Rajoy saben mejor que nadie cuántas fueron y cuál fue su reacción para abortarlas.

Por otra parte la foto de la cena en Lucio tenía un mensaje más subliminal: la unidad de cuatro dirigentes de muy distinta ideología, procedencia y trayectoria, en torno al Rey Juan Carlos. Los cuatro, en diferentes ocasiones de sus mandatos, han tenido la oportunidad de vivir en primera persona las iniciativas que tomaba el entonces Jefe del Estado, cuando los reunía de urgencia con otros políticos para clamar por la concordia cuando las tensiones entre adversarios ponían en riesgo la estabilidad institucional y, por qué no decirlo, incluso la estabilidad emocional de los españoles. Hoy, con todos los ojos puestos en Grecia, se valora aún más que por encima de dirigentes políticos que no quieren o no pueden ponerse de acuerdo, haya una figura como la de don Juan Carlos que tenga la fuerza moral de convocar a los responsables políticos para pedirles cordura.

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