la ciudad y los días

Carlos Colón

Chusma

EN su primera (conjunto de gente soez), segunda (muchedumbre de gente vulgar) y sexta (persona de modales groseros y comportamiento vulgar) acepciones admitidas por la Real Academia de la Lengua, se puede decir que son chusma quienes se congregan ante la puerta del juzgado para abuchear e insultar a Urdangarín mientras alguno agita una bandera republicana. Tan chusma como quienes se concentraban ante los juzgados de Sevilla para gritar e insultar a los implicados en el asesinato de Marta del Castillo. Que en Palma de Mallorca comparezca el marido de una infanta de España presuntamente metido en negocios sucios y en Sevilla lo hicieran unos niñatos asesinos o cómplices de asesinato no añade nobleza republicana a la chusma mallorquina ni envilece aún más a la chusma sevillana.

En ambos casos se manifiesta ese viejo demonio que lleva a las gentes a agruparse para cargar, con motivo o sin él, contra alguien. Herejes, judíos, librepensadores, afrancesados, reaccionarios, curas, comunistas, burgueses, proletarios, asesinos: lo mismo da. Todos han suscitado en algún momento la ira del populacho, de la chusma, que se ha congregado para hacer entre todos lo que individualmente serían incapaces de hacer, ya sea por no estar poseídos por la excitación colectiva o por carecer de valor.

La misma chusma absolutista que asaltó en Sevilla el palacio del ilustrado conde del Águila, quemó su biblioteca, lo descuartizó y colgó sus restos en la Puerta de Triana fue la que, esta vez formada por anarquistas, comunistas o afines, asesinó curas y quemó iglesias.

La misma chusma que asaltó la judería de Sevilla en 1391 asesinando a sus moradores fue la que seguía en 1936 a las mujeres rapadas, burlándose de su incontinencia tras haber sido obligadas a tomar aceite de ricino. No importan siglos ni siglas: la chusma es siempre la misma.

Ahora no matan ni queman. Aunque nadie puede garantizar lo que pasaría si la policía no les contuviera. Algo se ha ganado. Pero da miedo ver como personas que seguramente son normales individualmente se convierten en chusma vociferante cuando las congrega el odio, las fortalece el número y las ampara el anonimato. La llamada de la selva -el linchamiento- se trasparenta tras sus gritos demagógicos e insultos. "Urdangarín, trabaja en Burger King", "No hay dos sin tres, República otra vez" o "No están todos, falta Cristina" berreaba la chusma convocada por la asociación independentista Maulets, las juventudes de Esquerra y de Izquierda Unida, la Unidad Cívica por la República y la Asamblea de Estudiantes de la Universidad de Baleares.

Y no por más republicana o universitaria era menos chusma.

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