Visto y oído

Antonio / Sempere

Ciclón

COMO en los mejores tiempos de las aventuras de los payasos. Como en los mejores tiempos de Gaby, Fofó, Miliki y Fofito, pero sin Milikito, que Emilio Aragón hijo nunca se atrevería a tanto en sus programas blancos, blanquísimos, dirigidos a un público familiar. Javier Sardá sí. Javier Sardá se atreve a eso y a mucho más. Y cuando compareció en Tú sí que vales el hombre capaz de colocarse cincuenta pinzas en la cara, pues ya se pueden imaginar, le retaron a que si era capaz de colocárselas agarrando los mismísimos. Pero no en la final. Allí mismo. Que no era cuestión de dejar escapar ni un gramo de espectáculo. Y el hombre, ni corto ni perezoso, volvió a salir al escenario con su albornoz verde. Lo abrió como un exhibicionista, y zas, allí estaban las pinzas. Apretando los cojones (sic). Y Sardá le dijo que entrara a quitárselas rápidamente y que se las trajera, todas toditas, en una bandeja, que las iba a aprovechar. Noemí Galera y Angel Llácer se temieron lo peor. Y no era para menos. Los tres miembros del jurado corretearon por el teatro. Como hacían en sus mejores tiempos en las aventuras Gabi, Fofó, Miliki y Fofito, junto al señor Chinarro. Y Sardá le dijo a Naomí que le iba a colocar una pinza en los pezoncillos. Claro que lo dijo. Aunque no lo hizo. Lo más que osó fue aferrar a la lengua de Angel Llácer una de esas pinzas que se supone todavía estaban calientes tras haber abandonado la carne y los pelillos de las partes pudendas de aquel estoico señor. Javier Sardá anunció que la del viernes era la última noche que se sentaba en el jurado de Tú sí que vales. "Ya sabéis que yo viajo, y que me tengo que ir por ahí". Nunca agradecerán lo suficiente los de Tienes talento de Cuatro este viaje de Sardá. Porque el Tú sí que vales del viernes, aunque digan que fue poco visto, fue lo más parecido a un ciclón. Y ubicado otra noche y acortado, arrasaría.

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