Visto y oído

Francisco / Andrés / Gallardo

Ciencias

ESTO de las elecciones norteamericanas en la televisión son fuegos artificiales y tómbolas. A ver quién la tiene más grande: quién tiene la redacción más grande desplazada a Estados Unidos. La televisión que pugna por los índices de audiencia, que se inventó por allá, convierte el ejercicio ejecutivo de la democracia en un espectáculo más. Y las cadenas españolas, en pro del prestigio por quítame allá unas décimas, ha trasladado a un montón de gente, a la que colocan con la Casa Blanca detrás, para que se note que están "en el centro de la noticia", o con el Capitolio de carillón tintineante, el que molestaba este lunes a Pedro Piqueras. Todo muy guachintoniano.

El espectador, embotado de tanto derroche, sigue atrapado en sus cosas. Este lunes repuntaba en audiencia Física o química, la serie de Antena 3 que ha aumentado la tensión sexual y los semidesnudos, para alegría de la concurrencia adolescente. Esta serie de instituto comenzó como un sulfúrico retrato social, con mucho conflicto intergeneracional, claro, y va desembocando en un Super Pop en movimiento. Me temo que esta ficción ya sólo se plantea como una galería de ídolos de revista, a los que se les añade unos cuantos adultos preocupados o cabreados, como cliché paterno, con la efigie de Ana Milán o de la malagueña Nuria González, acostumbradas al rol de mujeres intratables. Física o química es arquetipo de ese producto que da igual lo que cuente, porque lo que le interesa a la cadena y a la productora (Ida y vuelta) es el merchandising que genera. Es un submundo juvenil de carnaval, porque el verdadero es el que aparecía en Puntodoc. Este lunes presentaba a una pandilla de Alicante que se encaró con el reportero Aitor Trigos y un vecino del barrio, Pascualín. A un tris de la agresión. Física, sí.

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