Visto y oído

Francisco / Andrés / Gallardo

Correctivos

EL rotundo éxito de audiencia de El castigo en Antena 3 hay que entenderlo como una respuesta a la programación oportuna (más que oportunista) de una tv-movie basada en recientes hechos reales que invita a reflexionar sobre un asunto que está en primer plano: los correctivos a los menores y la dimensión y forma de esa herramienta tutorial. La desproporcionada sentencia judicial a una madre sordomuda de Jaén que propinó una colleja con mala fortuna a un hijo que hacía tiempo se le había ido de las manos, ha puesto sobre la mesa la tabla de pesos y medidas de la educación en el seno de la familia. El castigo trata este asunto desde un prisma exagerado. Estamos ante unos adolescentes que lindan con lo criminal frente a unos presuntos educadores que son sencillamente torturadores. La miniserie es ejemplar por exceso. Los de la granja se dedican a practicar el maltrato y ejercicios sádicos que buscan anular la voluntad de sus víctimas, pero en realidad lo que provocan es acrecentarles la rebeldía, el odio, en lugar de reconstruir, de reeducar, un comportamiento.

Por lo demás, El castigo tiende al tedio, Daniel Calpasoro hace un trabajo demasiado convencional, pero no me extraña que en Antena 3 ya estén barajando en un Prison break físico o químico. Este Guantánamo en los Pirineos despierta ideas. El otro, el de verdad, repugnancia. Esa misma noche, en CQC, la irritante Estíbaliz Gabilondo le preguntaba a Javier Arenas sobre el campo de tortura ubicado en Cuba y el dirigente popular optó por la evasiva. Estíbaliz puso a prueba a nuestros parlamentarios sobre su conocimiento de los datos del paro y la mayoría, ignorante (del dato), se dedicó a absurdas perífrasis de escapatoria. Es lo que tenemos. Chaves y Arenas fueron certeros en una cifra con la que habría que tener mano dura.

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