EN TRÁNSITO

Eduardo Jordá

Duelo a garrotazos

JUNTO a una ventana de la Quinta del Sordo, en una pared comida por la humedad, alumbrándose con velones de sebo, Goya pintó un óleo que es el mejor resumen de la historia contemporánea de España. Ese óleo, que un copista trasladó a un lienzo cincuenta años después de la muerte de Goya, se llama Duelo a garrotazos, aunque otros autores prefieran llamarlo Riña a garrotazos. Puede verse en el Museo del Prado, y si hubiera un poco de cordura en este país, serviría de fondo para los debates electorales y para los vídeos de propaganda. Es inútil que artistas y actores se movilicen pidiendo el voto para uno u otro partido, porque Goya se les adelantó doscientos años y ya retrató a Zapatero y a Rajoy, o a López Aguilar y a Mayor Oreja, arreándose garrotazos en un lívido amanecer de invierno, los dos hundidos hasta las rodillas en el fango. Y es que en esta campaña -y ya llevamos muchas así- no hay argumentos ni ideas, ni propuestas, ni siquiera promesas de soluciones. Nada de nada. Sólo garrotazos.

Si nos fijamos bien en el cuadro, uno de los duelistas, el de la izquierda, lleva barba, mientras que el otro no la lleva. Tan profético era Goya que hasta supo adivinar estos detalles tan nimios, así que ahí tenemos a Mayor Oreja, un señor que va a misa en coche oficial y al que siempre me lo imagino durmiendo con un abollado sombrero de copa y una severa levita negra, igual que los enterradores de las historietas de Lucky Luke. Y enfrente está el jacarandoso López Aguilar, que acaba de tener gemelos y aun así le cuenta muy ufano a todo el mundo que no deja de ir ni un solo día al gimnasio. Ahí están las dos Españas del cuadro de Goya, las dos igual de inútiles, las dos igual de autocomplacientes: la rancia y beata de los frailes y los sermones de cuaresma, o la liviana y posmoderna de los gimnasios y los debates de Gran Hermano. Quizá eso explique que ninguna esté en condiciones de derrotar a la otra.

Y lo peor de todo -como Goya supo ver muy bien en su cuadro- es que la pelea continuará durante mucho tiempo sin que nada cambie, ni los garrotazos ni los nubarrones ni el fango hasta las rodillas. Porque me atrevo a pronosticar que habrá un empate técnico en las elecciones del domingo que viene, quizá con una leve ventaja del PP y una abstención menor de la prevista. Y como ningún partido habrá ganado con la suficiente rotundidad, los dos tendrán motivos para creer que lo han hecho bien, así que los dos seguirán en sus trece y los dos seguirán levantando la garrota cada vez que sale el sol. Y mientras tanto, los nubarrones se irán haciendo cada vez más negros, como si ahora mismo estuviéramos en la España de la Quinta del Sordo, hacia 1820, en uno de los periodos más estúpidos y siniestros de la historia de España.

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