LAS EMPINADAS CUESTAS

Amparo Rubiales

Enseñar igualdad

HACE pocos días, tanto mi hija como mi hijo me manifestaban su perplejidad ante diferentes conversaciones mantenidas sobre igualdad, y extraían la misma conclusión: sus interlocutores no sabían lo que es la igualdad de género, y, por tanto, tampoco otras manifestaciones de la misma, porque ésta es el centro de las demás igualdades.

Se dicen cosas que producen estupor, como consecuencia, precisamente, de esta no comprensión de lo que es la igualdad. Se evidencia en la vida diaria en personas incluso inteligentes y formadas. Ejemplos se podrían poner muchos, pero basta con algún botón de muestra: el más grave es el que se realiza contra el Ministerio de Igualdad y, sobre todo, contra la ministra, Bibiana Aído; critican sus decisiones porque su trabajo consiste en hacer algo que no entienden, y como no pueden estar abiertamente en contra, porque la igualdad es un principio y un derecho constitucional básico, ridiculizan todo lo que hace o dice, e incluso cosas que ni hace ni dice.

Algunos hechos concretos: se ha publicado que el lamentable suceso ocurrido en la cárcel de mujeres de Madrid I es consecuencia directa de la Ley de Igualdad, porque ha hecho posible que haya funcionarios masculinos en las prisiones de mujeres, algo que, por lo visto, es contraproducente per se; a lo peor, para evitar estos episodios, habría que alejar a los hombres de las profesiones que tengan relación con las mujeres; así, se tendría que prohibir que hubiera incluso ginecólogos, para prevenir posibles abusos sexuales; hay que aislar a los hombres, pues, según ellos, tienen un instinto sexual básico e irreprimible; absurda consecuencia de una ridícula información.

Veamos más: es artificial la polémica generada por un folleto divulgativo que dice que los cuentos infantiles tradicionales tienen que hacer posible todas las aventuras, sin freno por ser niño o niña, obviando que la mayoría son de contenido sexista por el momento en el que se formularon. Y cosas más graves: la elaboración de los planes de igualdad en las empresas, otra obligación legal, está produciendo situaciones de incomprensión entre las personas que los redactan y los directivos que no entienden su necesidad, aunque sí conocen todas las discriminaciones de que la mujeres son objeto: salariales, de promoción y de representación, además de tener que soportar "requiebros" machistas o acosos sexuales repugnantes, de difícil prueba; y más… pero no me hagan mucho caso, ya saben que soy una "feminista trasnochada", aunque, eso sí, seguiré intentando enseñar en qué consiste la igualdad entre mujeres y hombres.

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