Visto y oído

Francisco / Andrés / Gallardo

Farmacia

PODÍAN haberse ahorrado el esfuerzo de haber reunido a los actores de Farmacia de guardia y haber dejado la serie de Mercero (Goya de honor este domingo) en el lugar donde estaba: en el estante de los recuerdos bonitos. Con los jarrones chinos es mejor no jugar a los malabarismos de la memoria y este recuerdo de la abuela, que es el primer gran éxito de una ficción nacional de una cadena privada, se merecía preservar sin modernizaciones ni rescates. Fue pionera y abrió el camino de cómo se podían hacer cosas renovadas en las 625 rayas españolas. Pero si echamos una vista atrás honesta Farmacia de guardia era una producción artesanal, un encargo a la desesperada de Manuel Martín Ferrand, y no pasó de ser una telecomedia algo ñoñeta, con repuntes tan cursis como el cardado de Concha Cuetos, aquella mujer fatal de Tristeza de amor' que gustaba tanto a los directivos de Antena 3 cuando era sólo una cadena de radio.

La última guardia fue una película anodina que parecía un agravio contra el pasado. El elenco, veinte años después, naufragó en una historia con cierta chispa lacrimógena acompañada de un aluvión de chistes recortados. Si a eso le añadimos una realización plana, anticuada, anterior a la primitiva Farmacia, el desastre era inevitable. Cuetos, por cierto, sobrelleva bien los años que le han caído encima, pero a Carlos Larrañaga estos dos decenios le han caído como una losa. Y en verdad ahora no añoramos a aquellos niños que se han convertido en adultos de barbas forzadas. El trabajo más pragmático: el del impagable Álvaro de Luna. Unas lesbianas por aquí, unos niños revoltosos por allá, una Oreja de Van Gogh con calzador delirante, mi amigo Juan Ochoa de locutor... Actualizaciones y disparates para una Farmacia que se la comieron los bailarines de Telecinco. Qué listos los de Gestmusic

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