Palabra en el tiempo

Alejandro V. García

Fin del 'casting'

CATORCE de abril, 77º aniversario de la proclamación de la Segunda República. Toma de posesión en La Zarzuela. Plena normalidad constitucional. El Gobierno de Zapatero es tan equilibrado, pulcro y políticamente correcto que parece producto no de la decisión de un estadista sino de uno de esos directores de casting que abastecen las series de televisión. Incluso los viejos conocidos (Fernández de la Vega, Solbes, Magdalena Álvarez, etcétera) aparecen envueltos de un aire de estreno gracias a la proximidad (o por contraposición) a los recién llegados. Ningún guionista rechazaría un plantel con tantas posibilidades plásticas y argumentales.

Primero, la consabida mayoría de mujeres, un hecho no sólo impecable sino ejemplar. La designación de una ministra, Carme Chacón, en Defensa es todo un hallazgo. Más de un director de cine o incluso una de esas autoras que escriben novelas femeninas se habrá muerto de envidia ante la imaginativa elección de Zapatero. Chacón embarazada promete un montón de fotos inéditas, simbólicas y necesarias. La primera la dio ayer. Lo de "¡capitán, mande firmes!" se ha incorporado a la historia en pleno bicentenario de la gesta de Agustina de Aragón. Pronto vendrán otras imágenes: Maternidad en la Sala de Banderas, Gestación en el Estado Mayor, Gravidez en la Legión, etcétera.

Después, la ministra más joven de toda la democracia, Bibiana Aido, de 31 años, al frente del Ministerio de Igualdad. La voz de los jóvenes y la mirada de la paridad. Beatriz Corredor, ministra de la Vivienda, la inexperiencia como virtud, tanto que la única foto que circuló en las 24 horas posteriores a su nombramiento (borrosa, desenfocada, con los colores desvaídos) parecía proceder del socorrido granero de imágenes de Google. Solbes, el veterano cuya ya autoridad ha puesto ligeramente en duda el amigo del presidente, Miguel Sebastián, ministro de Industria, adquiere más relevancia como actor de carácter ante sus compañeros bisoños. Incluso la pregunta indiscreta susurrada por el portavoz, José Antonio Alonso, a la ministra de Investigación y Desarrollo ("¿cuál es tu nombre de pila?") parece escogida deliberadamente para acrecentar la frescura.

Empieza la acción. Una vez transcurridos los momentos rutilantes de los nombramientos y de la promesa de los cargos, la escrupulosidad formal del Gobierno socialista no puede ser interpretada como un indicio de capacidad pero tampoco, como ha dicho alguien, de escasez política. Su dimensión simbólica se tendrá que medir, ay, con el genio práctico. La dimensión del declive económico parece un sarcasmo. ¡Esto no pertenece al casting! A ver.

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