En tránsito

Eduardo Jordá

Flotilla

LOS palestinos tenemos que mover el culo como una puta si queremos cruzar una frontera", me dijo el poeta Anas Alaili en un restaurante de un pueblecito del sur de Francia. Los niños alborotaban porque no llegaban las pizzas, y hacía un calor del demonio, pero aquella noche Anas Alaili me dio una lección sobre la vida en Palestina. Donde él había nacido, en la ciudad de Qalqilya, se levantaba ahora un muro que le impedía ir a ver a sus primos que vivían al otro lado. Para coger un avión rumbo a Francia, tenía que hacer una especie de maratón por los aeropuertos. Su pasaporte siempre era inspeccionado con cautela. Y si había que abrir una maleta, siempre le tocaba a él. No se por qué, le pregunté a Anas qué sabía de Israel: "No sé nada, y no quiero saber nada, pero te podría dar un cursillo sobre insultos en hebreo. Desde niño sólo he oído los insultos de los soldados israelíes que patrullaban por delante de mi casa".

Anas Alaili vive en Lyon, subsistiendo con un modesto empleo en una biblioteca, y sabe que le va a ser muy difícil regresar a Palestina. De algún modo se ha resignado a tener que mover el culo como una puta para cruzar una frontera. No se hace ilusiones: lleva tanto tiempo esperando una solución para su tierra que le cuesta mucho imaginar una existencia digna para su país. Pero también sabe que los fundamentalistas están al acecho en su patria. Porque a Anas Alaili no le gustan los fundamentalistas islámicos que prohíben libros y películas. Y no creo que soportase vivir en un lugar gobernado por los fundamentalistas de Hamas.

Estas son las cosas que se me ocurren cuando oigo hablar de la Flotilla por la libertad o de la Flotilla de la paz, que fue asaltada por comandos israelíes hace unos días. Está claro que la acción de los comandos, que mataron a diez integrantes de la flotilla, fue una auténtica masacre. Pero también me pregunto si es justo creer que un lugar gobernado por los islamistas de Hamas puede ser un lugar libre. En la flotilla que pretendía burlar el bloqueo a Gaza viajaba el escritor sueco Henning Mankell (yerno de Ingmar Bergman, por cierto). Admiro a este hombre, pero ignoro si sabe que sus libros sobre el comisario Wallander no se publicarían jamás en Gaza, al menos mientras la gobierne Hamas. Y peor aún, no sé si sabe que ningún palestino de Gaza podría publicar jamás unas novelas como las suyas, que serían consideradas sacrílegas y pornográficas. Comprendo que cualquier persona compasiva sienta como una afrenta el trato que los israelíes dan a los palestinos, pero eso no debería impedirnos pensar con rigor. Con Hamas no habrá nunca libertad en Gaza. Nada de eso justifica la masacre israelí, por supuesto, pero por favor, ya está bien de confundir los términos.

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