Hoja de ruta

Ignacio Martínez

Golpes bajos

EL presidente del Real Madrid es un interino. Boluda va a estar en el cargo unos meses, y es un recién llegado. Así que no extrañó su imprudencia al decir que iban a chorrear al Liverpool en la Champions. El resultado, 0-1, fue un ridículo de novato. Del Nido por el contrario es un veterano y ha conseguido varios títulos para el Sevilla como presidente. Me cuentan que casi siempre le han salido bien sus bravatas para meter presión al contrario. "Vamos a comernos el león desde la melena hasta el rabo", dijo en vísperas de la semifinal. Ya saben cómo salió la excursión a Bilbao; 3-0. Otro ridículo. El Athletic dio el golpe en la Copa y se clasificó para la final. Los béticos hacen chistes al respecto. Circula un mensaje de móvil: "Urgente. Jiménez, cesado. Ángel Cristo, nuevo entrenador".

Otro que ha dado el golpe ha sido Íñigo Urkullu, presidente también novato, pero éste del PNV. Partido que nada tiene de interino en el poder. Al contrario, es el sempiterno ocupante del puente de mando en el País Vasco. Tan identificados están los peneuvistas con el poder que acusan de golpista a quien ose desalojarles. Golpe es una palabra con más de cincuenta significados en el diccionario. Por ejemplo, las frases de Boluda y Del Nido pretendían ser ocurrencias graciosas y acabaron siendo infortunios. Pasaron de golpes de gracia a tiros de gracia. Tiros, no se me malinterprete, de Benayoun o Llorente.

Con el golpismo del que Urkullu acusa a los socialistas se insinúa un golpe de Estado ilegal. Una actuación por la que un grupo se apodera por la fuerza de un gobierno, desplazando a las autoridades existentes. Autoridades de derecho natural en la concepción nacionalista. Los ciudadanos vascos no sólo han votado el domingo el desalojo del poder del PNV. El de Ibarretxe, sí desde luego. Pero los vascos han votado opciones muy diversas, que si acudimos a las matemáticas, se resumen en dos. Que los partidos más votados formen gobierno. Es la fórmula favorita de los electores de PNV y PSOE. Pero al socialista Patxi López le salen las cuentas para salir elegido con los votos de los partidos nacionales. Y la tentación es echar del poder a quien lo ocupa desde hace 30 años.

Hay dos problemas para esta segunda alternativa: los partidos que tienen que aupar a López a la presidencia vasca, PP y UpyD, se llevan muy mal con los socialistas, lo que daría lugar a un gobierno precario o minoritario. Y además, el argumento de que después de 30 años "ya está bien", se vuelve contra el PSOE en territorios como Andalucía para las próximas elecciones autonómicas. Golpe también significa robo, atraco. Urkullu se equivoca si pretende que la única opción legítima es la que representa su partido. Es un golpe bajo a la democracia, impropio de un partido veterano, con 114 años de historia. Y esos golpes no se perdonan ni en el fútbol.

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