Visto y oído

Francisco / Andrés / Gallardo

Goyas

LA gala de los premios Goya tiene audiencia. No tanto porque el cine español se vea mucho en el cine, ni por el glamour de sus actores. La quiniela de los ganadores tampoco despierta tanto interés. La gala de los Goya se ve, sobre todo, porque se emite a través de La 1, la cadena-hábito para millones de españoles... por ahora. Y se ve porque también es un programa entretenido. Lo han conseguido, aunque pensábamos que era imposible. Andreu Buenafuente fue el que logró animar de verdad el momento, a diferencia de Corbacho, Carmen Machi o Cayetana Guillén Cuervo, por citar algunos de los conductores que pincharon en hueso.

Eva Hache, sucesora de Andreu, ha sido una buena maestra de ceremonias. Su personalidad y unos guiones acertados, con los chistes en su sazón justa (ni muy politizados, ni muy blandos o insulsos). Ese alma de monologuista que lleva Eva funcionó para una gala que siempre se hace algo larga y algunos culpables de ese alargamiento son los propios premiados. Es una rutina difícil de remediar aunque, como en los Ondas, unos acordes in crescendo tendrían que ser la invitación a la marcha.

El monólogo más ácido fue, de largo, el de Santiago Segura. Se puede permitir decir en voz alta lo que piensan los demás. Habló de las envidias que laten por las filas de butaca de los Goya, del desprecio a Torrente, pese a que es el único que hace subir las cifras nacionales, o cómo se atraen a mediáticos nombres de Hollywood para que después se vayan de vacío ( y qué buenos esos planos de Melanie con cara de marciana cuando alguien le aludía). Juan Diego de rapero con El Langui o la emoción por los premios andaluces fueron propinas para la noche. Y de remate, esos comentarios en off, con un guión conciso y vibrante, del gran Toni Garrido. Un radiofónico con los días contados (qué lástima) en RNE...

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