tiempos modernos

Bernardo Díaz Nosty

Hegemonía geopolítica

HAY una resistencia obstinada a reconocer la verdad. La credibilidad de Rajoy se diluye en la escena global, que es donde se juegan nuestros garbanzos. Hace dos días, el principal diario económico italiano, Il Sole 24 hore, hablaba de il buigiardo [el mentiroso], en alusión al presidente. Es la misma caricatura de Pinocho que ilustró la imagen de su antecesor, cuyo daltonismo incurable le hizo ver brotes verdes donde crecían los rojos. En los juegos con la verdad no sólo se ha perdido credibilidad internacional, sino tiempo, un tiempo decisivo.

Hoy, la resistencia se centra en la aceptación del término rescate. Tal vez subyace bajo él la memoria de un concepto que agita los fantasmas de la historia contemporánea: ocupación. La vieja idea de Europa se degrada no ya en el plano de las famosas dos velocidades, sino en la espiral progresiva de la ocupación. Y no son los ejércitos, aunque los procesos parezcan paseos militares, los que dirimen a sangre y fuego las controversias, sino los atrincherados en la codicia.

"Los españoles no podemos elegir si hacemos o no sacrificios. No tenemos esa libertad", dijo Rajoy en las Cortes hace dos semanas. No somos libres. ¿Fruto de un armisticio? La afirmación no sólo es falsa, sino que revela una idea de hegemonía geopolítica inadmisible. A los políticos amilanados por los especuladores, cuando no incapaces de salir del círculo vicioso de la corrupción, les faltan los recursos de los estrategas clásicos para enfrentarse a la guerra económica. Con una diplomacia malcriada en la representación de la novena potencia mundial, es difícil movilizar voluntades, buscar aliados, maniobrar. Además, como en aquellas imágenes de funestas ocupaciones, hay una resistencia civil que está en casa, en la calle, en las oficinas y fábricas.

Es el momento de la diplomacia, pero también de la alianza nacional, de un gran consenso. No queda mucho tiempo. No se puede volver al espectáculo bochornoso de Rajoy-Guindos-Montoro en los infiernos. El objetivo es recuperar el pulso nacional, la mayoría social, el calor de la opinión pública. Esto es, encabezar la resistencia a la hegemonía geopolítica, que también significa estar en disposición de restablecer la credibilidad internacional y buscar aliados en la Europa del Sur, en el Reino Unido, fuera de Europa…

Todo ello es necesario y posible, pero en ese esfuerzo de soberanía, de anteponer lo propio a lo ajeno, algunos políticos gobernantes deberían dejar de hacer méritos en su huida hacia nichos de futuro personal y aplazar a otro momento cuestiones que polarizan y enfrentan. Claro, me refiero a Gallardón.

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