david Fernández

Honestidad

SI la nación estuvo "por encima de sus autoridades en 1812", como subrayó el Rey en el homenaje en Cádiz a la primera Constitución española, ¿qué cabría decir dos siglos después? Se supone que hemos avanzado bastante, a pesar de los Roldán, Matas, Guerrero con chófer incluido y un largo etcétera. Pero es innegable que la "altura de miras de los diputados" del Doce y su "enorme inteligencia", como destacó don Juan Carlos, choca con el discurso previsible, opaco y aburrido de los políticos de ahora. Hoy basta que uno afirme que es una prioridad construir una autovía para dar por sentado que no se inaugurará al tráfico en menos de 15 años. Igual ocurre cuando dicen que no son partidarios de subir los impuestos ni de aplicar el copago sanitario. Quien más y quien menos al oír estas palabras se echa a temblar. De hecho, subir impuestos es la primera medida que propone el ministro Montoro para aumentar los ingresos municipales. Hasta ahora, las administraciones han calculado sus gastos y en función de la cuenta final inflaban los ingresos en sus presupuestos y patada a seguir a la deuda. Esta práctica parece tocar a su fin para alivio de los proveedores porque estarán obligadas a justificar sus ingresos para ajustar sus gastos bajo tutela de Madrid. Sanear la deuda pública no será gratis e implicará despidos y rebajas salariales considerables, más impuestos e inspecciones tributarias, seria reducción de la administración paralela creada en muchos casos para que los políticos de turno puedan eludir los mecanismo de control... Pero en lugar de explicarlo a fondo, los socialistas se dedican a meter miedo, como si ellos tuviesen otra alternativa que no pasara por el ahorro, y los populares, a ocultar la realidad, como si los andaluces fueran menores de edad. ¿Dónde queda el político que defiende las ideas en las que cree sin tapujos? Anclados en lo políticamente correcto, nadie reconoce que haya que aplicar cirugía de hierro para sanar al enfermo. En lugar de ello, hablan del uso del paracetamol, como si la Administración sufriera un simple constipado. ¿No pueden plantear sus propuestas sin ambages y desde la honestidad? Máxime, para que tras 200 años (o 10) no digan que la nación estuvo por encima de ellos.

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