Visto y oído

Antonio / Sempere

Impostura

COMO una estatua, erguida, incólume, sin rascarse ni moverse durante más de veinte minutos, veo plantada como si la hubieran clavado al suelo a la redactora del Telediario del mediodía que va a entrar en directo a narrar su pieza desde Arco.

Desde Torrespaña conectarán con ella justo antes de dar paso al bloque de Deportes. Es decir, pasadas las tres y media de la tarde. Pero desde que se inicia el Telediario ella permanece anclada al encuadre que ha elegido se supone que de común acuerdo con su camarógrafo.

Desde las tres él la mira a través de su objetivo, con mucha luz, puesto que hace rato que encendieron los focos de su equipo, y ella se agarra al micrófono con el logotipo de TVE como si se le fuese la vida en ello. Sin inmutarse. Sin ganas de ir al baño. Y pasan los minutos. Cerca de la redactora y del cámara, dos chicos jóvenes, se supone que asistentes de producción, hablan constantemente por el móvil. Se supone que con el control de Torrespaña.

Menudo dineral. Miran una y otra vez los folios de la escaleta. Y ella, sin inmutarse, continúa aferrada a su micrófono y con los pies clavados al suelo. En el tiempo que lleva en esa posición cabría un Miradas 2 enterito. O una tertulia fresquita y espontánea sobre Arco, si es que ello fuera posible.

Después de media hora a punto de caramelo, por fin, el cámara le cuca el ojo, le avisa de que ha llegado el momento y ella inicia su alocución. Disimulando la impostura. Como si pasase por allí y acabaran de plantar el trípode. Es el momento en que yo, desesperado, me decido a pasar por detrás de la periodista, mientras me rasco la oreja, contraseña por la que mi mamá, que hace tanto que no me ve, sabe que no me olvido de ella.

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