José Rodríguez De La Borbolla

Intereses de España, intereses del PSOE: programa y política

EN los años sesenta y setenta, algunos jóvenes de la época leíamos y nos trabajábamos a Marx, a Rosa Luxemburgo, a Lukács, a Gramsci, a Mao, a Fromm, a Max Weber o a Lefevbre. Así descubrimos, con don Carlos Marx, con don Erich Fromm y con Don Henri Lefevbre, que el centro de la acción política; con Doña Rosa Luxemburgo y con Don Georg Lukács, que la aportación básica del marxismo era el método dialéctico, una manera de analizar y pensar la realidad, regida por el principio de totalidad; con don Antonio Gramsci, que la revolución instantánea empezaba a ser una quimera y que había que generar un proceso de conquista de posiciones en el conjunto del Estado -aparato político y sociedad civil-; con don Max Weber, que han de hacerse compatibles la ética de la responsabilidad y la ética de las convicciones; y con don Mao Tse Tung, que hay que distinguir entre contradicción principal y contradicciones secundarias, y que dichas contradicciones son móviles y cambiantes. "Cada día trae su afán", que dice el saber popular, pensamiento dialéctico donde los haya. Seamos dialécticos.

Se ha hecho lugar común, desde fuera y desde dentro del PSOE, una simpleza: pedir a mi partido que, en esta coyuntura política, "tenga en cuenta los intereses de España, y no los intereses de partido". ¿Es que son contradictorios esos intereses en su totalidad? ¿No podrían coincidir, en absoluto, los intereses de España, los del PSOE y los de otras fuerzas políticas y sociales, como coincidieron, por ejemplo, los intereses nacionales chinos, los del PC chino y los del Kuomintang, contra los japoneses?¿O como coincidieron los de todas las fuerzas democráticas españolas -políticas y sindicales- contra el franquismo, primero, y a favor de la superación de la crisis económica y la construcción de la democracia -acuerdos de La Moncloa y Constitución-, después? ¿A qué tenemos que enfrentarnos, hoy por hoy? ¿Hasta dónde podemos, y debemos, ir juntos, por España y por nosotros mismos? Vamos a ver, con brevedad y por derecho.

En primer lugar, España, en cuanto parte de Europa y del mundo globalizado, está sufriendo los efectos devastadores de la nueva economía mundial descontrolada: desigualdad indecente, marginación social, pobreza deshumanizadora, primacía absoluta del afán de lucro y de la ganancia fácil, especulación mastodóntica, etc. Frente a eso, España, como todas las sociedades occidentales, necesita un nuevo pacto social, un acuerdo de larga duración, que haga posible la integración de los distintos sectores sociales en un sistema mas "compasivo" (¡Ah, la compasión, "virtud olvidada"!, según Aurelio Arteta), que incremente el control político sobre el desmadre económico (A bit more State, please, titulaba hace unos años en portada The Economist), y que ayude a preservar la dignidad humana. Pues bien, para ese nuevo pacto social es necesario el acuerdo de fuerzas políticas de un lado y del otro del espectro. Ese acuerdo concuerda con los intereses nacionales y con los intereses particulares de la mayoría social, como ha demostrado la historia desde 1945 hasta hace poco. Es necesario. ¿Será posible? Hay que quererlo.

En segundo lugar, para hacer posible el pacto social a largo plazo, es necesario un programa reformista y de progreso a corto plazo. España tiene, ahora, una serie de problemas específicos, que han de ser abordados y resueltos desde el acuerdo y la transacción: consolidación del sistema territorial, garantías para el papel superior del Estado (por ejemplo: ¿cómo y por qué puede la Unión Europea armonizar muchas políticas de los Estados y de las regiones de Europa y por qué no puede el Estado español hacer algo de lo mismo en su territorio?), y otros ajustes de la Constitución; mejora de la educación; enfrentamiento integral contra la corrupción, contra el desmadre administrativo, contra la laxitud y el desahogo moral; mejora y garantía de los servicios sociales básicos; etc., etc. Pues, bien, en todos esos campos son coincidentes, objetivamente, los intereses de España y los intereses de las fuerzas políticas constitucionalistas. Coincidentes objetivamente, a corto, medio y largo plazo y en grandísima medida, con independencia de los quereres y de las preferencias subjetivas y a corto plazo de los grupos dirigentes respectivos. Y para la concreción de dicho programa reformista es objetivamente necesaria la participación y el acuerdo de las fuerzas políticas constitucionalistas del país. Sin las dos fuerzas básicas, PP y PSOE, PSOE y PP, a las que habría que sumar a Ciudadanos, hoy por hoy, no hay acuerdo ni programa reformista que valga. ¿Será posible? Hay que quererlo.

En tercer lugar, es decir, en tercer lugar, no en primero ni en segundo lugar; o sea, para hacer viables los dos puntos anteriores, y específicamente para eso, será necesario formar un Gobierno, reformista y para el progreso de España. Pues bien, ese Gobierno debería ser apoyado o integrado por las fuerzas que se pusieran de acuerdo, transparente y lealmente, en un programa reformista, fueran cuales fueran esas fuerzas, sin condenas previas, ni exclusiones, ni preocupación excesiva por "indultos" o absoluciones a pecadores políticos varios. Todo llegará. Los pecadores políticos han sido los gobiernos o las personas concretas, ya sean individuos de a pie o responsables ejecutivos, no los partidos en su conjunto y no, por supuesto, sus votantes o simpatizantes. Se podría valorar esto.

Concluyo: hay que pasar de la elucubración a la acción. Y de los juegos de mesa y los faroles, a las propuestas programáticas concretas y a la negociación real. Un poco más de Programa y de Política, con mayúsculas, por favor. Hay campo para trabajar en serio, en defensa conjunta del interés de España y en defensa de los intereses del PSOE. En defensa de la ética de las convicciones y en defensa de la ética de la responsabilidad. ¿Será posible? Hay que quererlo.

¡Ah, se me olvidaba! Creo que Rajoy y su equipo del PP están amortizados. Y creo que Podemos y sus adláteres no son constitucionalistas ni tienen proyecto para España, entendida como unidad. Y es dubitable que sean de izquierdas.

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