Visto y oído

Francisco / Andrés / Gallardo

Licuadoras

EL semificticio Chef Richard era un cocinero tan obsesionado con sus obras culinarias que llegó a engordar 50 kilos. Oh, se había convertido en una bola rodante de colesterol. Pero con una licuadora milagrosa, que por cierto usted puede obtener ya mismo por muy poca plata, y un sencillo folleto dietético, el orondo cocinillas llegó a perder todo su sobrepeso, rebajando 7 kilos en la primera semana (aplausos). Un compadre también aparece por allí y, después de desplegar las bondades del aparato, descarga otras lindezas sobre "los jugos" que cuidan su aspecto y demoniza la alimentación pretérita de sus hijos, llena de "comida chatarra con papas fritas". Ah, no se pierdan el "cuchillo tronzador" que convierte en fosfatina toda la pulpa que eche. Qué bonito y literario llega a ser el castellano neutro, con esos doblajes importados que durante los lustros en blanco y negro coloreaban las bandas sonoras.

Si no fuera por la cantidad de incautos que pueden adquirir la licuadora milagrera, la teletienda matinal de La Sexta sería una de las más divertidas recomendaciones tempraneras. Le va muy bien al espíritu del canal bienhumorado estos "comersiales" que indirectamente destilan tanto cachondeo. Las telecomedias españolas ni siquiera pueden igualar la filosofía mentirosa y delirante de los anuncios de teletienda, uno de los formatos más recurrentes de la actual y futura TDT.

También hay humor en La 1, pero pagado generosamente. Este pasado lunes César de los Morancos invitaba a Ortega Cano a rememorar el "...y ehtamoooh tan a gustitoo-o-o". El diestro, pañuelo al cuello y sudoroso tras marcarse un rock, en pleno éxtasis patético, se sumaba a la triste pantomima de sus tiempos felices. Ortega y todos los de la licuadora de Mira quién baila son anuncios de teletienda de sí mismos.

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