Hoja de ruta

Ignacio Martínez

Mensaje en clave

TODO el mundo pendiente de cómo estuvieran los candidatos y nadie ha reparado en la mesa del debate del lunes, feísima, que parecía hecha con chocolate blanco. Algunos momentos de la contienda fueron tan falsos como el chocolate de la mesa. Los candidatos empezaron y terminaron mirando a la cámara y sin dirigirse a su adversario. Mal. Y no se cansaban de leer párrafos preparados, con lo que más que un debate aquello parecía la superposición de dos monólogos. Peor. Es el síndrome Aznar, que ganó el primer asalto de 1993, con la ayuda de fichas de todos los temas posibles. Por el contrario, en los debates entre Hillary Clinton y Barack Obama no hay muletillas que leer, sino talento y tablas.

Rajoy sacó buenos golpes, con la leche, los huevos, el pollo, el pan y la cuerda del reloj. Zapatero contestó a lo del reloj, que era lo más fácil: los modernos funcionan con pilas. El presidente también tuvo buenos momentos, como cuando le recordó al aspirante que en el debate de investidura le había desafiado a conseguir un crecimiento del 3 por ciento y a crear dos millones de puestos de trabajo, "y nos hemos ido al 3,8 y tres millones de empleos". Lo de presidente y aspirante es una manera de hablar, porque en la mesa eran los candidatos de PSOE y PP. En el debate entre los litigantes a la Presidencia francesa en 1988, el presidente Mitterrand no paraba de decirle a Chirac "señor primer ministro". Y Chirac se revolvió:

-Usted aquí no es más que un aspirante, como yo, usted no es el presidente de la República ni yo el primer ministro.

-Sí, señor primer ministro, contestó impertérrito Mitterrand.

La mayor tensión del enfrentamiento Zapatero-Rajoy se alcanzó con ETA. El presidente del PP consiguió sacar de sus casillas al secretario general del PSOE cuando le dijo que había agredido a las víctimas del terrorismo. El líder socialista había reprochado antes al popular que hace cuatro años, en la jornada de reflexión, en una entrevista en El Mundo dijo que tenía la convicción moral de que ETA había sido la autora del 11 M. Un titular que se contradecía con la afirmación de que la banda terrorista estaba acabada al final del mandato de Aznar. "Ni acabada, ni moral", remató ZP, en torero.

En el juego de ojos fue más convincente Zapatero. Sobre todo, porque Rajoy cometió el error de mirar con perniciosa frecuencia el marcador del tiempo que había detrás de su cámara y bizqueaba del ojo izquierdo. El presidente, por el contrario, demostró control de la escena. Con ojos de no haber roto un plato, se despidió en la intervención final con un "buenas noches y buena suerte". Un guiño peliculero a la historia del periodista Edward R. Murrow, perseguido por el senador McCarthy en la caza de brujas desatada en Estados Unidos tras la Segunda Guerra mundial. ¿Era un mensaje subliminal en clave?

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