la tribuna económica

Rogelio Velasco

Mercados y tipos de interés

QUE las profecías que se cumplen a sí mismas afectan al curso de la economía, aunque el fundamento inicial de la profecía sea irracional, es tan antiguo como la humanidad. Una vez que los agentes creen que, inevitablemente, algo va a suceder y actúan en consecuencia, sucede lo previsto.

La prohibición decretada por la CNMV de realizar operaciones en corto sobre valores e índices de la Bolsa es un intento de frenar los ataques especulativos sobre los valores cotizados -especialmente los bancarios- que están hundiendo la cotización sin que exista un fundamento racional que lo respalde. Las propias operaciones en corto hacen que se cumpla la profecía.

El resultado para las empresas del Íbex está siendo demoledor, en términos de pérdida de valor bursátil mucho más allá de lo que los métodos estándar de valoración indican. Todas las empresas están sufriendo el riesgo país, con independencia de su actividad exterior. Como media, obtienen más del 60% de sus ingresos en otros países. La decisión de la CNMV puede frenar parte de la caída, pero nada puede hacer frente a la tendencia general de venta de títulos por parte de operadores extranjeros.

En el otro frente en donde la grave situación se manifiesta -el diferencial con Alemania y el nivel de los tipos-, las primeras jornadas de la semana continúan instaladas en una situación no sostenible. Hay una racionalidad dentro de la irracionalidad. Los mercados no tienen visibilidad de un crecimiento positivo de la economía española que permitiera hacer frente a la deuda ahora y en el futuro. Además de esa falta de visibilidad, otros factores -algunos no tan evidentes- explican el diferencial y nivel de tipos.

Primero, el propio tamaño de la economía española juega en contra respecto de otros mercados. Así, el diferencial español respecto del bund alemán es mayor que el de Portugal desde hace unas semanas. La percepción del mercado es que la economía portuguesa, por su tamaño, es rescatable -aún con un cuadro macroeconómico peor que el nuestro- mientras que la de España tendría un coste mucho mayor. Las pérdidas potenciales son mayores en el segundo caso que en el primero.

Segundo, la enorme brecha abierta en los tipos de interés entre Italia y España respecto del resto de países carece de base si tenemos en cuenta las situaciones macroeconómicas de ambos grupos. El problema reside en que el gran volumen de recursos que se está liberando por las desinversiones llevadas a cabo en los mercados español e italiano tienen que ir a algún sitio. La estrategia de composición de carteras de inversión entre los inversores internacionales está canalizando esos recursos a gran escala hacia los mercados que consideran más seguros, aún cuando los cuadros macroeconómicos de esos países no sean mejores que el nuestro.

Es más, están aceptando tipos de interés negativos en las inversiones realizadas en Alemania y, desde hace unos días, también en Francia.

Esta enorme asimetría sólo puede pararse si las autoridades alemanas cambian de opinión y si Bruselas -¿dónde están Van Rompuy y Barroso?- ejerciera mucha mayor presión. Nos estamos jugando todo el proyecto del euro y más allá.

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