Editorial

Noticias positivas

NUESTRO Diario publicó ayer dos historias que aparecían como oasis de humanidad entre las habituales sobre las diatribas de los políticos, la desaceleración de la economía, el terrorismo y la corrupción. La primera historia versaba sobre la conversión del Hospital Virgen Macarena en un museo merced a la iniciativa de un subdirector del centro, Javier Suárez, de colgar de las paredes copias de alta calidad de cuadros existentes en el Prado, el Bellas Artes de Sevilla, el Louvre y otros museos andaluces. Su fe en el proyecto acabó implicando a la multinacional HP, que hasta realizó gratuitamente las reproducciones de los cuadros y su instalación. Desde ahora, tanto los pacientes como los familiares que acuden a visitarlos tienen, en muchos casos por vez primera en su vida, la posibilidad de gozar de las obras de arte y de darle un nuevo sentido a su paso por el hospital, donde han aprendido a mirar con otros ojos y a amar la cultura. La segunda historia era la de Antonio Recio Cárdenas, que jamás fue a la escuela porque ni siquiera la había en la pedanía de Osuna donde nació. Antonio parecía predestinado a ser analfabeto igual que los que, desgraciadamente, aún quedan en nuestra tierra por mor de las penurias de la niñez. Sin embargo, se rebeló contra ese destino aparente y aprovechó el servicio militar para culturizarse al máximo. Al regreso a la aldea hizo a su modo lo mismo que pretendieron las misiones pedagógicas republicanas al convertirse en un maestro itinerante que iba de cortijo en cortijo enseñando a los campesinos a leer y a escribir mientras aún sacaba fuerzas para estudiar el Bachillerato y la carrera de Magisterio, con lo que al final hasta pudo abrir un colegio en el lugar que le vio nacer. Después fundó un centro para el profesorado y llegada la hora de la jubilación dedica su tiempo a un centro de día de mayores. En la vida siempre podemos hallar coartadas para justificar nuestra propia inacción o para responsabilizar de todo al Gobierno. Estos dos andaluces, sin embargo, han hecho realidad la frase kennedyana de "no preguntes qué puede hacer tu patria por ti, sino tú por tu patria". Representan a tantos de esos héroes desconocidos que cada día y en silencio cambian el mundo a mejor.

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