La esquina

Ordenadores gratis

EL ministro de Educación, Ángel Gabilondo, ha dicho que reunirá el martes la conferencia sectorial del ramo (Ministerio y consejerías de los gobiernos autonómicos) para perfilar el plan, anunciado por Zapatero en el debate, de repartir ordenadores portátiles gratuitos a todos los alumnos a partir de quinto curso de Primaria.

Volvemos a lo de siempre, a lo mismo que afecta a la eliminación de la desgravación por adquisición de vivienda o a la ayuda para la compra de automóviles: Zapatero lanza sus medidas para combatir la crisis y el que venga detrás, que arree. Es decir, él se queda con la gloria de subvencionador universal y luego emplaza a las autonomías a que aporten su parte en la materialización y financiación de su promesa. Así cualquiera.

Veamos. Ninguna medida que implique gasto o inversión pública debería ser anunciada y comprometida sin haber calculado previamente quién la pagará, y menos en una coyuntura de crisis en la que son varias las autonomías que se consideran mal financiadas. Además, está por resolverse una cuestión técnica previa, a saber, si las propuestas concretas del Gobierno son compatibles con el desarrollo informático que está llevando a cabo cada comunidad. La propia medida de la gratuidad ya se aplica en algunos de los sistemas educativos vigentes (la educación está transferida).

Merece la pena detenerse en dos conceptos básicos. Uno es la gratuidad misma. Ya he expresado unas cuantas veces mi animadversión hacia la política, cualquier política, de gratuidad total e indiscriminada. Es políticamente impactante y fructífera para el que la practica, pero socialmente injusta, por no tener en cuenta las diferencias de renta entre los gratificados. ¿Por qué vamos a tener que dedicar nuestros impuestos a costearles el autobús a los jubilados con pensiones máximas o a regalarles un portátil a los hijos de familias de clase media y alta, que, además, ya los disfrutan porque sus padres se lo han comprado? Si esto no está contemplado en el plan del Gobierno, debería estarlo.

El otro concepto es aún más importante. El problema de la educación en España no es de medios, sino de calidad. El problema es el fracaso escolar y el abandono de los estudios, no la carencia de dotaciones materiales, siempre susceptibles de aumentar. Si no se apuesta por la idea del esfuerzo y el mérito, la disciplina y el respeto a los profesores, darle a cada chaval un ordenador no servirá más que para proporcionarle un instrumento más de juego y diversión. Hay que preguntarse de qué les valdrá un portátil a tantísimos adolescentes que no saben expresarse, hacer una sencilla operación matemática o leer un texto literario entendiéndolo. Podríamos alumbrar una generación de analfabetos, aunque, eso sí, todos con portátil.

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