Y a usted, ¿le atienden?

Pedro Caballero-Infante Caballeroinf@hotmail.com

Pesimismo realista

SE acusa, a veces, al farmacéutico de intromisión en temas que no son de su incumbencia profesional y sólo quien lleva años al frente de una farmacia sabe que, en la mayoría de los casos, se debe a la insistencia de los pacientes.

De todos es sabido el problema que constituye para el médico de Atención Primaria la escasez de tiempo para atender a sus pacientes, mucho más cuando, como en este caso, se trata de enfermedades crónicas acompañadas de dolor y problemas sociolaborales.

-Échale usté un vistaso.

Es la enésima vez que don José, ante este ruego, se encuentra buscando el trasluz para observar una radiografía.

-¡A que no usté ná! Y no me quieren jasé una resonansia.

Esta sugerencia va unida al pequeño lapso de tiempo que ha transcurrido entre el ojeo del boticario y su respuesta, tardanza que utiliza Miguel para arrimar el ascua a su sardina. Aun así, el farmacéutico dice:

-Veo dos rodillas que me imagino que son las tuyas.

Miguel es un paciente de mediana edad que lleva un año de baja laboral. Es conductor de un camión de reparto de bombonas de gas y curiosamente pide constantemente a su médico el alta laboral.

-Yo no pueoestá tor día en mi casa mano sobre mano.

Este hombre viene arrastrando desde hace tiempo dolores que, más que por su intensidad, se le hacen insoportables por su cronicidad y progresiva incapacidad.

Don José, como farmacéutico, conoce la enfermedad por la vía del medicamento y ha seguido el proceso degenerativo de Miguel, al que cada vez le cuesta más trabajo agacharse y andar.

-Esto lo llevo mú má. Yo que, muchas vese, he ayudaoarrepartidó y me echaba al hombro una bombona como si fuera un saco paja y ahora….

Su mujer, una habitual de la farmacia, ha comentado cómo afecta esta situación negativamente a la convivencia matrimonial y familiar.

-Y es que me ha dicho el espesialista que qué me voy a jasé, cuando lo mío no tiene solusión.

Y es aquí cuando don José se viene arriba y reniega del pesimismo realista de algunos profesionales de la sanidad. Es muy fácil decir sí o no, o esa estupidez sobre la línea recta. Si en la vida, y aún más en el terreno de la enfermedad, siempre se actuase así, sería muy cómodo pasar consulta.

-Eres todavía joven. Y hay muchas soluciones para tu problema.

-Pero… ¿y er doló?

El boticario le habla, le explica y le enseña todo un arsenal de analgésicos que gracias a la investigación farmacológica salen permanentemente al mercado.

-Aunque la industria del medicamento tiene mala prensa, la calidad de vida actual es, en parte, debida a ella.

- yo, lo que me tomo ya no me jase ná.

-Tienes todavía por delante, desde los opiáceos débiles hasta lo último, que son los fármacos modificadores de los síntomas de acción lenta.

-Yo no sé si usté me está engañando pero, con la cháchara, hasta me se está quitando er doló.

-Y, aun sin medicamentos, podrías probar la onda corta.

Eusebio, que ha oído casi toda la conversación, le dice:

-Pero es mejón la frecuensiamodulá.

-Endeluego su farmasia, don José… ¡es la leche!

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