Visto y oído

Francisco Andrés / Gallardo

Petados

LOS espectadores menores de 20 años pueden quedarse fuera de juego con Peta-Zetas y no conectar con las ironías de la retrospectiva cáustica ochentera del nuevo programa de Antena 3. Sólo aquel que vivió el fenómeno del pitraco al aire de Sabrina el 1 de enero del 88 puede calibrar la guasa proporcional que evoca aquel suceso televisivo y glandular. Tal vez ese es el único inconveniente del late-show casposo: las anécdotas para iniciados, para los entrados en años, salvo que además se le tenga tirria (comprensible) hacia el anfetamínico Corbacho. Fiel a su estilo de actor, el director de Tapas fue puro exceso, animando al corifeo formado por Patricia Pérez, Yolanda Ramos o un Enrique del Pozo que saltaba como un caniche, sin importarle, vía cheque, las bromas hacia su pasado. Vaya panda de petardos petados.

Peta-Zetas, que salió al aire tras varios meses de ensayos infructuosos, hace honor a la golosina: chisporrotea y no hace daño, sólo cosquillas. Es divertido y busca del pasado su lado más anacrónico, por tanto, más humorístico. Todo lo contrario que el obituario y muermorio del espacio de Lobatón en la noche de los domingos de La Nuestra, Regreso al futuro.

El programa producido por El Terrat tiene un futuro limitado, los 80 no se pueden exprimir hasta el infinito, pero mientras hay una galería de objetos, historias, personajes y músicas en número suficiente para urdir más noches épicas. En el estreno con Sabrina se demostró en las carnes de la italiana que cualquier tiempo pasado fue, simplemente, pasado, y que está de mejor ver ahora que en el siglo XX. Fue un hallazgo saber que, según ella, era menor de edad cuando se quedó con la teta suelta y que se quedó con las ganas de abofetear a Hugo Stuven, aunque el realizador asegure que fue víctima de las iras de la estrábica. Que lo investigue, ya mismo, Vista pública.

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