BREVIARIO

Alejandro V. Garcia

Placer de carne

EL Papa no da abasto, allí a donde va, a condenar y pedir perdón por los abusos sexuales de sacerdotes contra menores. La riada de estupros y acosos se incrementa cada poco de manera lamentable. Ayer, en Inglaterra, Benedicto XVI expresó su "profundo pesar" y la "vergüenza y la humillación" que el rastro de esas perversiones ha causado a una Iglesia que impone la abstención a sus ministros, persigue la lujuria y demoniza los placeres de la carne. La repetida contrición del Papa en nombre de los curas pedófilos es encomiable. Sin embargo, inquieta el larguísimo silencio que han mantenido otros papas y muchos prelados sobre una desviación antigua y a lo que se ve habitual. Cada vez que aparece una nueva denuncia masiva de víctimas de religiosos me viene a la memoria una novela medio olvidada que escribió Ramón Pérez de Ayala en 1910, AMDG (Ad Maiorem Dei Gloriam, A la Mayor Gloria de Dios, el lema de la Compañía de Jesús), donde reconstruye la vida en un internado español y cómo algunos sacerdotes dan rienda suelta a sus apetitos pedófilos. En 1910, hace un siglo, las conductas sospechosas en los internados religiosos estaban relativamente extendidas, aunque cualquier insinuación se consideraba un exceso anticlerical. Ese largo mutismo cómplice oscurece la tremenda claridad con que el Papa reconoce la desviación de muchos sacerdotes.

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