Los ciriales

José Joaquín Gómez

Pobre nazareno

Q diferencia de trato entre el recibido por el hermano costalero con el que percibe el hermano nazareno! La llegada de ambos a la casa hermandad para sacar la papeleta de sitio no tiene comparación. Mientras que el primero la saca o no la saca, la paga o no la paga; el pobre nazareno, si recibe el saludo de alguien, lo es para reprocharle que hay que ver cuánto tiempo hace que no se le ve por allí; y a nadie se le ocurre recibirlo al menos como el padre hizo con el hijo pródigo, echándole el brazo por encima y diciéndole cuánto nos alegra verte. Eso sí, paga religiosamente sus cuotas y las de todos los de su casa, su papeleta y la de los hijos que salen con él; y cuando ya está apurando el presupuesto del mes, el mayordomo le sugiere que eche algo para flores y el chaval del grupo joven le ofrece una papeleta de una rifa.

Al nazareno, el bocadillo se lo preparan en su casa, y si tiene sed buscará a quien le dé de beber. Pasará por la carrera oficial con orden, en fila de a tres si es preciso, a pique de quemar y ser quemado; pero si la túnica se mancha de cera no pasa nada, la tintorería entra en el presupuesto del mes siguiente. Se puede llegar a sentir hostigado por unos diputados de tramo celosos cumplidores de un horario del que se olvidan una vez rebasado el control de la Puerta de los Palos; porque esa es otra, a la hora de fijar unos horarios y unos itinerarios nadie se acuerda de él. Nadie se acuerda de que el hermano 1.345 del cuarto tramo de Palio, quizá se ha levantado esa mañana a las siete para trabajar, o quizá lo haga a la mañana siguiente. Nadie se acuerda del cansancio acumulado en niños y mayores para los que concluir el recorrido es un auténtico sacrificio, máxime cuando no llevan varas en las presidencias o cirios apagados alrededor de los pasos.

Nadie se acuerda que el nazareno es el alma y la esencia de la Semana Santa de Sevilla.

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