A diestro y siniestro

josé / aguilar

Rajoy decide

EL debate sobre quién ganó el debate sólo conduce a la melancolía, como todos los esfuerzos inútiles. Dejémoslo, pues, para acudir a discusiones más provechosas. Por ejemplo, ¿qué va a pasar con los pactos tras un 26-J sin mayoría absoluta de nadie? Ninguno soltó prenda al respecto, salvo Pablo Iglesias, partidario de una alianza Podemos Unidos-PSOE que si después del 20-D era un regalo envenenado para los socialistas ahora sería una incitación directa al suicidio de Sánchez, habida cuenta de la alta probabilidad del sorpasso. La otra salida a la parálisis derivada de la consagración del tetrapartidismo -descartada la gran coalición de los dos partidos viejos- sería el pacto PP-Ciudadanos con abstención de un PSOE castigado otra vez en las urnas. Albert Rivera le puso el lunes una condición cada vez más expresa: que el candidato a la investidura resultante no sea Mariano Rajoy, el símbolo de la corrupción del PP. Si difícil es que Rajoy acepte inmolarse en favor de otro candidato del PP y en aras de la gobernabilidad de España, más difícil es que Rivera se desdiga de su compromiso con la regeneración democrática, que es la auténtica razón de ser de Ciudadanos. Un Rajoy triunfante en las dos elecciones puede sacrificarse. Por patriotismo y designando él a su sustituto. Como le pidió Aznar.

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