La ciudad y los días

Carlos Colón

Rancia España

PARECÍA imposible, hace pocos años; pero lo cierto es que una España rancia que creíamos muerta y enterrada para siempre está saliendo de su tumba como la macilenta momia de una película de la Hammer. No soy tan optimista como para creer que esa España indeseable, tan miserable como corta de miras, había desaparecido por obra de la elevación del nivel educativo y cultural. Como ha escrito el sociólogo Gilles Lipovetsky, en uno de los diagnósticos más pesimistas que conozco, si bien "no hay ninguna razón para que desaparezcan las personas con ambición de ponerse por encima de los prejuicios y de embarcarse en las difíciles rutas de la posesión del mundo por el conocimiento, ya no hay motivos para creer que esta actitud pueda democratizarse y llegar a la mayoría". Si tiene razón, y de momento parece tenerla, este diagnóstico representaría el acta de defunción de los mejores ideales que el hombre ha tenido desde la Grecia clásica a las democracias modernas, pasando por el Humanismo y la Ilustración.

No creo, por lo tanto, que esa España indeseable y miserable haya sido erradicada porque la democratización de la educación y la cultura nos haya hecho más reflexivos, sino por el aumento del nivel de vida, el consumo compulsivo, las grandes superficies, los centros comerciales y el estilo de vida que conllevan. Malas cosas son estas, si se toman sin mesura y se usan para atontarse; pero peor aún era aquella España triste, cainita, rencorosa, sucia, espesa, grasienta, tan espantosamente parecida en sus letales extremos de izquierdas y derechas .

Sin embargo algo de esa España debe seguir vivo -o no muerto, como los zombis- porque ayer leí en un periódico de derechas este titular: "El Papa avala los mensajes de Rouco sobre la familia frente a Zapatero" ("El Papa no mencionó por su nombre a ningún país, pero no hacía falta hacerloý", se decía cínicamente en la información). Algo de esa España debe seguir vivo porque en un periódico de izquierdas leí ayer este titular: "Llamazares dice 'No' a la cena del Rey"; seguido de una entradilla que recogía esta frase del coordinador de IU: "Yo, como republicano, y como parte de una formación republicana y austera, prefiero no participar en estos actos de ostentación monárquica".

Da tanta pena estar todavía en éstas, como si no nos hubiéramos movido de donde estábamos hace 70 años, como miedo da pensar a quienes se dirigen estos mensajes; y a qué añejos rencores, odios inmarchitables, groseras esquematizaciones, prejuicios encallecidos y estúpidas simplificaciones apelan, como si fueran un conjuro, para sacarlos de sus tumbas.

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