la tribuna económica

Rogelio / Velasco /

Recortes públicos y recortes privados

EL Gobierno central está lidiando en dos frentes para intentar cumplir con los objetivos de déficit impuestos por Bruselas. Después de la entrevista de Rajoy con Merkel, parece que el Gobierno alemán está dispuesto a flexibilizar su postura y admitir una desviación del objetivo este año, con la condición de alcanzar el 3% de déficit en 2013. Rajoy presentó un objetivo del 5,8%, pero la reunión de ministros de Economía del lunes lo ha reducido hasta el 5,3%, 5.000 millones de recortes adicionales que se suman a los 30.000 previstos.

En el interior, debemos esperar hasta final de mes para ver los recortes y su reparto entre administraciones. No es descartable que, además de la reducción del gasto, si las circunstancias lo permiten después del verano, se incrementen los impuestos indirectos.

En todo caso, el cumplimiento de los objetivos de déficit público sólo contribuye a arreglar una parte de los problemas que padecemos. Es el sector privado el que tiene que realizar también un ajuste, manteniendo una tasa de ahorro positiva para ir reduciendo sus deudas.

En el caso español, estas deudas son muy elevadas. La deuda de las familias en relación con el PIB se eleva hasta el 90%. Sólo Irlanda y Holanda presentan niveles superiores en la UE. La de las empresas, con un 150% del PIB, es aún mayor. Hay varios países europeos cuyas empresas están más endeudadas, pero las del núcleo duro comunitario se encuentran mejor que las nuestras.

La balanza por cuenta corriente nos indica que la reducción de deudas en la economía española se está llevando a cabo. La contención y la reducción en el gasto y en el crédito de todos los agentes -gobiernos, bancos, familias y empresas- han llevado a que el déficit por cuenta corriente del pasado año se sitúe en el 3%, el más reducido en una década. Este elevado endeudamiento nos hace mostrarnos escépticos acerca de los efectos reactivadores del saneamiento de las entidades financieras. Hay que hacerlo, pero dudamos que detenga en los próximos trimestres la reducción global del crédito a las empresas y familias. Mientras las entidades no vean una demanda solvente, el crédito no crecerá.

La prueba la tenemos en los fondos que las entidades tienen depositadas en el BCE. Buena parte de los créditos concedidos por el BCE no se han prestado al sector privado, sino que están depositados en sus cuentas.

Las entidades solicitan los préstamos al BCE por motivos de precaución, pero no para prestarlos al sector privado. Ese motivo precaución explica también los enormes recursos líquidos que las empresas -especialmente las grandes- tienen en sus balances, para hacer frente a la contingencia de tener que solicitar un préstamo y que este sea denegado.

Esas enormes cantidades embalsadas ayudan a explicar aparentes paradojas de la contabilidad nacional, en la que la evolución de las retribuciones del trabajo y del capital parece que dan lugar a un vacío contable. No hay tal vacío, y los recursos bancarios y de las empresas seguirán embalsados mientras no vuelva la confianza y mientras nuestra deuda no se reduzca significativamente.

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