La ciudad y los días

carlos / colón

Respetad el cementerio

NI a los muertos los pueden dejar en paz? ¿Ni el suelo sagrado del cementerio -porque allí donde reposan los muertos es tierra sagrada y digna del mayor respeto, ya se trate de cementerios civiles o religiosos sobre los que con tanta inteligencia escribió Jiménez Lozano- se puede librar de la epidemia de parque-tematización gilipollas que nos azota? ¿El virus de la tontería municipal ha afectado también al Palacio Arzobispal, además de al Ayuntamiento? Porque, que yo sepa, el cementerio es de propiedad municipal pero, al ser también suelo sagrado, algo podría decir el Arzobispado. Aunque tal vez peque de ignorante (porque no tenga nada que decir) o de inocente (vistas las museificaciones de la Catedral y el Salvador en las que no me extrañaría ver algún día estas llamadas "visitas teatralizadas" con actores disfrazadados de Fernando III, el maestro Dancart, Cayetano de Acosta o don Francisquito).

Miren ustedes, autoridades civiles o religiosas: allí reposan huesos que fueron cuerpos que amaron y sufrieron, allí hay nombres escritos en las lápidas cuyas ausencias todavía se lloran, allí se derramaron y se derraman tantas lágrimas, allí van todas las semanas quienes no aceptan la pérdida o ni tan siquiera la viven, que el lugar -se sea creyente o no: basta ser humano- merece el máximo respeto. El padre de un querido amigo fue todos los domingos de su larga viudedad a llevarle flores a la mujer de la que siguió enamorado hasta que se reunió con ella. Sobran los mamarrachos vestidos de don Juan o de doña Inés: el dolor, la pérdida, la muerte y el amor allí se viven a diario, no se representan. No hace falta esta estupidez de la visita teatralizada, porque allí está la vida tal como es, así de terrible y de hermosa, abiertas las fauces oxidadas de los enterramientos familiares como puertas del infierno y alzado el Cristo de las Mieles como promesa del Cielo, dramática como la muerte misma la Dogaresa y llena de airoso luto macareno y gitano el cortejo que lleva a José.

Señores munícipes: habéis tematizado y vulgarizado, vosotros y vuestros antecesores, el centro histórico. Habéis convertido las calles en terrazas de bares y exiliado la vida vecinal. Dejad en paz por lo menos a los muertos. Respetad siquiera el cementerio. No todo es espectáculo y explotación. Recordad a Machado: "Un golpe de ataúd en tierra es algo perfectamente serio". Y allí se han dado y se dan muchos.

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