la esquina

José Aguilar

Responsables sí que son

LAS comparecencias del ex presidente de la Junta, Manuel Chaves, y del actual presidente y antes consejero de Economía y Hacienda, José Antonio Griñán, ante la comisión parlamentaria que investiga el caso de los ERE fraudulentos no arrojaron mucha luz sobre el escándalo.

Ello se debió, en buena medida, a que los comisionados no tienen del todo claro su función en esta labor, que debería ser inquisitiva y cuestionadora. Los de PP e IU intervinieron más bien como si aquello fuera un debate parlamentario en el que hay que desarrollar su discurso previamente elaborado sobre el caso. Los del PSOE, como si no estuvieran interesados en aclarar nada: no preguntaron.

Los dos notables comparecientes también se sintieron cómodos siguiendo igualmente el guión preestablecido: o se enteraron por la prensa o no fueron advertidos por la Intervención General de que la concesión de ayudas a empresas y subsidios a los afectados por regulaciones de empleo se estaba haciendo sin atenerse al procedimiento reglamentario. Hubo avisos del interventor, hasta quince si no recuerdo mal, pero sin la exigencia de actuación que les hubiera obligado a intervenir.

No tengo dudas sobre la honestidad personal de Chaves y Griñán. Tampoco las tengo sobre su responsabilidad política en este fraude a gran escala. Claro que son responsables políticamente de lo sucedido. Estaban al mando de la Consejería que financiaba los ERE o del Gobierno andaluz en su conjunto. Tenían la obligación de atender las advertencias del interventor, y la tenían en la designación de los altos cargos implicados, y la tenían en la vigilancia de lo que éstos hacían durante su guardia. No fue un uso irregular de fondos públicos aislado y puntual, sino una práctica que duró diez años.

Tal como yo lo veo, el origen de este escándalo hay que buscarlo en la sensación de impunidad que algunos políticos con cargo público tienen después de una larguísima temporada ininterrumpida de permanencia en el poder y en la desactivación de los mecanismos administrativos de control. Si tú, responsable político, no vigilas a tus subordinados ni te pones en alerta permanente sobre los instrumentos de que dispones para manejar el dinero de todos, es seguro que alguien se aprovechará de ese limbo de descontrol para favorecer a sus compañeros, familiares y amigos, además de a sí mismo. Eso está en la condición humana: lo peor de ella sale rápidamente si no se previene ni se sanciona cuando se tienen noticias de sus secuelas. Y noticias tuvo que haber. Por lo dicho, porque duró diez años. Para que durase diez años muchos tuvieron que mirar para otro lado.

Responsables políticos lo son los dos, y algunos más.

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