UN cortocircuito provocó el domingo un incendio en la parroquia de la Purísima Concepción de Trebujena. Por una de esas jugarretas que utiliza el azar para hacerse presente y determinar la vida de los hombres, los primeros que detectaron el fuego fueron los militantes de Izquierda Unida que se disponían a coger el autobús para viajar a Sevilla, a la manifestación contra la crisis convocada por su organización.

El alcalde, Manuel Cárdenas, y sus concejales no se limitaron a avisar a los bomberos y policías locales. Aplicando por necesidad perentoria la frustrada ley Corcuera -patada en la puerta-, se metieron en la iglesia con linternas, extintores y sábanas protectoras y salvaron las imágenes del Cristo de la Misericordia, la Virgen del Desconsuelo y otras. El párroco se encontraba diciendo misa en la pedanía de Mesas de Asta, de manera que la dirección de las operaciones corrió a cargo del alcalde.

Era de mucho ver la improvisada procesión de cristos y vírgenes desde la parroquia hasta el Ayuntamiento, situados enfrente una y otro, en la Plaza de España, llevados en volandas por los insospechados cargadores. Insospechados porque no eran cargadores profesionales, como antiguamente, ni hermanos costaleros, sino disciplinados miembros del PCE e IU en posición de combate anticrisis. Ellos pusieron a salvo las imágenes sagradas ("los santos", según su versión). Socorro rojo para el celeste de la Purísima.

Es curioso que los rojos más rojos de todo el rojerío andaluz hayan sido los apresurados bomberos cívicos de este suceso. Trebujena ha votado siempre comunista -o IU, según etapas-, salvo alguna excepción, sin que militantes y simpatizantes, que son media población, hayan dado nunca síntomas de ser asequibles al desaliento. El propio alcalde Cárdenas es ahora coordinador general de IU en Cádiz.

Curioso, pero normal. El alcalde-jefe de bomberos lo explica bien: "En esos momentos la ideología la dejas a un lado y te involucras para salvar unas imágenes que sabes que son importantes para tus vecinos". El suceso sólo deja de ser normal para los espíritus perezosos dominados por la nostalgia del peor pasado o partidarios de etiquetar a las personas y los colectivos. Donde ellos ven las llamas del odio fanático de los años treinta o los signos de la ecuación comunista=ateo comecuras, los demás vemos la solidaridad elemental con los seres humanos en dificultades, por encima de los credos y las ideologías. No hay que preguntar por quién doblan las campanas del dolor y la destrucción. Doblan por todos.

Los devotos del Cristo de la Misericordia o la Virgen de la Soledad también entrarían en la casa del alcalde de Trebujena a salvar a su familia si sufriera un incendio. Lo sé porque soy de allí.

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