EL Eurobarómetro del año 2000 situaba a España entre los países más tolerantes de Europa con los extranjeros instalados en su territorio. Solamente el 10% de los encuestados daban respuestas con tintes xenófobos. Siete años después, en 2007, los intolerantes ascendían al treinta y tantos por ciento.

¿Qué nos ha pasado? Una de las cosas fundamentales que han pasado es que en el año 2000 los inmigrantes representaban un 3% de la población total española y en el año 2007 el porcentaje se ha multiplicado por tres. La inmigración se ha hecho mucho más visible, y la convivencia, más difícil; no precisamente entre los inmigrantes y las clases altas, sino entre los inmigrantes y algunos sectores populares, con los que se producen conflictos por la vivienda, el trabajo, la educación y la salud.

Afortunadamente, la clase política española, salvo excepciones, no alienta la xenofobia ni suele utilizar partidistamente el caldo de cultivo que supone la presencia de miles de inmigrantes irregulares abocados a la marginalidad ya la delincuencia (algunos son delincuentes organizados desde antes de venir a España, pero ése es otro tema). Sin embargo, no está de más que echemos un vistazo a lo ocurrido aquí al lado, en Roma. Los romanos han elegido alcalde a un militante neofascista, Gianni Alemanno, que ha derrotado al candidato de la izquierda, Francesco Rutelli, quien fue notable alcalde en los noventa y ministro de Cultura hasta ahora. Alemanno estuvo en la cárcel en 1982 por arrojar un cóctel molotov contra la Embajada de la URSS. Tenía 24 años. Pecado de juventud, se dice a modo de disculpa.

Ahora cumple cincuenta, ya tiene edad para ser dueño de sus actos y de sus ideas. Aparte del reflejo del triunfo de Berlusconi en las generales, el nuevo alcalde ha ganado con un mensaje simple: orden y limpieza en la capital y mano dura contra los inmigrantes delincuentes, como exigía una opinión pública sensibilizada por una sucesión de delitos menores -y unos cuantos gravísimos- cometidos por inmigrantes. ¿Qué ha hecho la izquierda gobernante ante este problema? Nada, aparte de cuatro frases de manual. Ni siquiera aprendió de sus colegas franceses, que perdieron hace años muchos de sus bastiones tradicionales en la periferia de las ciudades en beneficio de Le Pen y su discurso ultra y xenófobo. Todavía están purgando sus culpas. Como les pasa a todos los que se tapan los oídos ante problemas nuevos que desafían sus prejuicios ideológicos.

En España todavía estamos a tiempo de evitar estos deslizamientos, pero el Eurobarómetro 2007 es inquietante. Hay que hacer lo imposible para prevenir que Madrid, Barcelona o mismamente Almería acaben siendo, como Roma, ciudades cerradas.

Etiquetas

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios