Tribuna Económica

Rogelio / Velasco

Sector exterior y sostenibilidad del crecimiento

SE está creando empleo a un ritmo de 400.000 activos al año. El PIB crece al 2,5% anual. El déficit público se está reduciendo y estamos próximos a la estabilización de la deuda. ¿Podemos mirar al futuro con optimismo?

Si observamos a todas esas magnitudes durante los años 2010-2012, cuando se deterioraban rápidamente, por supuesto que sí. Las economías de mercado terminan siempre ajustándose. Tardan más o menos tiempo, el daño en el empleo puede ser mayor o menor, pero terminan haciéndolo. Sin embargo, lo que no está nada claro es la sostenibilidad de la situación.

El sector exterior es un barómetro infalible de la sostenibilidad de un modelo de crecimiento. ¿Qué nos dice para el caso español? El año pasado la balanza por cuenta corriente finalizó prácticamente en equilibrio, resultado de dos corrientes de signo opuesto. De un lado, la balanza comercial acabo con un déficit del 2,3% del PIB, al crecer las importaciones a un ritmo del 5,7%, el doble que las exportaciones. La balanza de transferencias de capital se encontró también en equilibrio, al igual que el conjunto de la balanza de pagos.

Esta situación provoca que aumente la vulnerabilidad de la economía española. Tenemos que pensar que la diferencia entre los activos españoles en el exterior y los activos de los no residentes en España es negativa y del orden de un billón de euros. Este gran desequilibrio pone de manifiesto la gran capacidad desestabilizadora que tienen los problemas de financiación exterior sobre nuestro país. ¿Qué hacer?

Durante el periodo de recuperación 2012-2013, la balanza por cuenta corriente mostró un saldo positivo. Este saldo tiene un efecto directo en nuestra capacidad para reducir el endeudamiento exterior, reduciendo la vulnerabilidad y haciendo sostenible el patrón de crecimiento.

La única vía para que el crecimiento de la economía española sea sostenible es el incremento de las exportaciones. Se han hecho grandes avances, pero es posible hacer mucho más. Tenemos superávit con todos los países grandes de la Unión Europea (UE), excepto con Alemania. Se ha reducido la dependencia con ellos durante el periodo de crisis y recuperación. En conjunto, la UE representa el 63% de nuestras exportaciones y la Eurozona ya sólo supone el 50%. Pero tenemos déficit con todos los productores de petróleo. A EEUU sólo exportamos unos casi ridículos 10.000 millones de euros. Japón y China ni siquiera aparecen entre nuestros diez mercados más importantes.

La tarea de intensificar los esfuerzos para aumentar nuestras ventas a todos esos países no puede dejarse para mañana. Ya el pasado año las importaciones de coches de lujo de Alemania crecieron un 16%, más que las importaciones de maquinaria. Esto va a continuar.

Se insiste mucho en el aumento de la productividad para mejorar las ventas exteriores. Es la primera variable, sin duda. Pero las empresas españolas tienen que intensificar la mejora en la calidad, en el diseño y en otras variables que aumentan notablemente el valor añadido, sin reducir costes o salarios. Y una tarea continua de mejora de la imagen exterior. Tenemos ninguna o poca en el ámbito de la calidad o de la tecnología. Hay que unir esfuerzos públicos y privados para lograrlo.

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