Editorial

Sevilla necesita un Metro de primera

LA Junta de Andalucía cerró el martes el plazo de alegaciones a los anteproyectos del resto de líneas del Metro de Sevilla. Este proceso, reglado, ha dado como fruto la presentación de 174 escritos de diferentes entidades y colectivos que plantean cambios -menores o sustanciales- de los ejes maestros de las futuras líneas 2, 3 y 4, cuyo periodo de ejecución todavía es más un deseo que una realidad sólida, a pesar de la fecha oficial de 2011. La consejera de Obras Públicas, Rosa Aguilar, quiso cerrar ayer el debate -en cierto sentido artificial- sobre la ubicación de la futura parada principal de la línea 2 que, en teoría, debe llegar al corazón de la ciudad. Aguilar fue expresa: será en la Plaza del Duque y sólo se contempla una segunda parada en el Cristo de Burgos. La opción de la Encarnación, defendida por Monteseirín sólo cuando se le recordó su promesa de ubicar una estación junto al Parasol, ha caído en saco roto, lo que ilustra el criterio mudable del Ayuntamiento en este punto, al pasar de defender la ubicación en este enclave, a obviarla, posteriormente resucitar la idea a última hora y, a la postre, fracasar en su defensa. Sobre el resto de líneas el debate discurre, con variantes, por dos senderos: o un Metro fundamental subterráneo, más caro y ambicioso o un tranvía en superficie más modesto y, quizás, más viable. El diccionario sirve para aclarar la disyuntiva: un Metro es un transporte esencialmente bajo tierra. De otra forma su eficacia sería muy relativa, como ejemplifica el tranvía del centro, excesivamente caro para el servicio que presta. De cualquier forma, la Junta tiene aún que definir el diseño técnico de los proyectos, de los que saldrá la foto definitiva del modelo de ferrocarril metropolitano. Sería conveniente que en este proceso se tuvieran en cuentas dos factores: la extensión metropolitana de las líneas -que no deben quedar a expensas de hipotéticas prolongaciones tranviarias, precisamente uno de los capítulos que se van a recortar con el tijeretazo en las inversiones- y la integración de este transporte, en los tramos en superficie, dentro de la ciudad . Las líneas del Metro llegan 30 años tarde y no deberían abordarse para salir del paso. La inversión merece la pena en términos económicos y sociales. Sevilla quiere un Metro de primera.

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