Tribuna

Fernando / Reyero

Sostenibilidad en época de crisis

CUANDO se habla de sostenibilidad o desarrollo sostenible se ha entendido siempre dentro de su triple vertiente económica, social y ecológica. Sin embargo, siempre se ha sobrecargado la pluma más sobre la vertiente ecológica que sobre la social o económica, pero creo que en los momentos de cambio de ciclo económico (llámese crisis, desaceleración, reajuste económico...) la implicación que puede tener sobre el empleo y la estabilidad económica, el aumento del IPC, la pérdida de competitividad o la disminución del consumo, hace obligado que, aunque evidentemente para mantener la ansiada sostenibilidad es necesario la aplicación de todas las leyes y normativas ambientales, en el área industrial sea necesaria una valoración exhaustiva y realista de su aplicación. En numerosas ocasiones la aplicabilidad de las normas para la consecución de los objetivos deseados no es posible, bien por no contar con las mejores tecnologías disponibles o debido a un costo excesivo del cambio en el proceso productivo, obligado para aminorar la contaminación y disminución del consumo de recursos, lo que puede hacer inviable el mantenimiento del empleo y la competitividad en unas circunstancias económicas como las actuales.

Me gustaría, dentro del área industrial, romper una lanza a favor del sector de la aceituna de mesa, muy relevante dentro de la industria agroalimentaria nacional, con 7.500 empleos directos y más de seis millones de jornales por la recolección y el cultivo del olivo, a los que habría que añadir los puestos generados en la industria auxiliar. Andalucía concentra el mayor número de empresas dedicadas al aderezo y envasado de aceituna (55,42% de las instalaciones nacionales), con un grado de exportación internacional destacable. Últimamente, debido a algunos acontecimientos coyunturales en la cuenca del Guadalquivir, ha sido bombardeado este sector probablemente de una manera desmesurada y sin un análisis profundo de la situación y de la dificultad técnica y económica para resolver el problema en su totalidad.

Las aguas residuales generadas en este tipo de industrias son muy diversas, en función del tipo de aceituna, del proceso seguido y de las lejías y salmueras empleadas en la fabricación, así como de las recirculaciones realizadas; lo que hace que, con el fin de evitar los vertidos contaminantes al cauce o a la red municipal, sea necesario llevar a cabo un gran esfuerzo inversor en I+D+I, y en la modernización de los procesos productivos. Todo esto ha supuesto en el periodo 2000-07 unas inversiones de más de 200 millones en mejora de procesos, y entre 70 y 80 millones de inversión en equipos de tratamiento de agua. Considerando que al final hay un 20-25% de agua con alta conductividad que hay que almacenarla en balsas para su evaporación al no existir tecnologías viables para la solución óptima del problema, a pesar del esfuerzo técnico y económico de los empresarios.

Por eso animo a la Administración a que marche unida a los empresarios del sector a través de sus distintos estamentos (consejerías de Medio Ambiente, Agricultura, Innovación, Ciencia y Empresa; organismos de Cuenca, Agencia Andaluza del Agua y ayuntamientos). Es necesario un esfuerzo en el análisis y optimización de las depuradoras municipales para adecuarlas desde el punto de vista hidráulico y de contaminación a la caracterización real de los vertidos que llegan a éstas una vez aplicadas las normativas municipales existentes, intentar en lo posible una uniformidad de las normativas de vertidos municipales, un impulso a las ayudas en I+D+I a las empresas para que juntos se analicen las situaciones técnicas factibles, al margen de las balsas ya existentes, evitando la demonización de este sector empresarial, y en definitiva haciendo una apuesta seria por la sostenibilidad en su triple vertiente económica, social y ecológica, como nos obligan los momentos actuales.

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