PASA LA VIDA

Juan Luis Pavón

¿Usted no lo pide para su padre?

NO sé a qué espera. El Ayuntamiento de Sevilla está dispuesto a trocear las calles para renombrarlas. Un tramo de la Plaza de los Terceros, en la intersección con Gerona y Santa Catalina, va a ser denominado Capataz Manolo Santiago. Quien ha hecho desde hace años una campaña para ello es su hijo, el también capataz Antonio Santiago. Los apoyos son cofradías, asociaciones cofrades y tertulias cofrades. Y la delegada municipal del Casco Antiguo, Amidea Navarro, ha dado su aprobación. Con la cantidad de recovecos y sinuosidades de las calles y plazas del centro, como cojan carrerilla van a marear todo el nomenclátor. Siete Revueltas tendrá siete nombres. Ocho la calle Hiniesta. ¿Quién se los pide primero? Doña María Coronel, como tiene curva, se puede quedar sin el tramo de Dueñas a Bustos Tavera. Y lo mismo en Regina, Argote de Molina, Muro de los Navarros,... Anímense, que estamos de rebajas a la hora de definir la ciudad para la posteridad.

Lean la endeble justificación de Amidea Navarro: "Hemos logrado el consenso con los comerciantes de la zona para rotular un tramo de la plaza de los Terceros con este nombre sin que afecte a ningún vecino, ya que desde la misma plaza hasta la calle Gerona, por un lado, y hasta Santa Catalina, por el otro, no hay ninguna vivienda habitada". El Ayuntamiento de Zoido se inventa y privatiza calles de bolsillo donde ahora no vive nadie, y para ello merma el tamaño de referencias históricas, religiosas y contiguas como el antiguo convento de Los Terceros. La de turistas que se van a liar en su ruta por la zona cuando vean el rótulo del venerable capataz, calle que no aparecerá en sus guías ni mapas porque es tan corta que nadie la incluirá.

Quienes presumen de sentir, entender y preservar la Sevilla Eterna son los primeros que la alteran a su particular medida. Como el criterio consiste en ser muy parcial y muy insistente, propongo una convocatoria para que todos los hijos que consideren que sus padres merecen una calle, inicien su ofensiva, elijan su rincón preferido, a ser posible sin vecinos, y, en vísperas de elecciones, desde el Ayuntamiento procurarán hacer feliz a su familia. No deje pasar la ocasión. La debilidad municipal es flagrante.

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