Hoja de ruta

Ignacio Martínez

¡Váyase, señor Lopera!

CUANDO me hice bético, el equipo estaba en Tercera. Hoy estamos mejor que entonces. El que no se conforma es porque no quiere, ya ven. Uno puede cambiar en la vida de oficio, pareja, nacionalidad y hasta ideas políticas, pero no cambia jamás de equipo de fútbol. Y se sufre un montón en días como ayer. No es mi primer descenso a Segunda, aunque éste ha sido más duro, porque hace tres semanas pensábamos que nos habíamos salvado, como las tres temporadas anteriores. Pero no. Varios amigos y familiares me decían en las vísperas que si con el descenso se iba Lopera, sería un consuelo. Estoy en desacuerdo. Un equipo como el Betis con casi 40.000 socios no puede bajar a Segunda. Poli Rincón decía ayer en la radio que no puede ser que todos los jugadores y entrenadores que vienen al Betis sean malos, que el problema es otro.

Y el problema del Betis es otro: la falta absoluta de liderazgo. El ex presidente de la Junta, José Rodríguez de la Borbolla, en un artículo publicado hace dos años, escribía que "los que puedan, tienen que hacer algo por el Betis". Los que puedan no unos pocos. Entre ellos, el propio Gobierno autónomo. La Ley del Deporte obliga a las autoridades a la tutela de las sociedades anónimas deportivas.

Otro bético, el empresario José Moya, explicó en un artículo en 2007 cómo se había producido la llegada de los Lopera y los Gil al frente de los clubes, en los años 80. "La reforma fue iniciada por el nefasto director general de Deportes Romá Cullás, bajo el mandato del ministro Solana. La mayoría de los clubes tenía deudas cuantiosas. Pero en vez de buscar una refinanciación, se les obligó a convertirse en sociedades anónimas, con elevadísimos capitales sociales. Esto propició la pérdida de control de los clubes por la masa social y la aparición de especuladores que bajo el paraguas de un inapropiado marco mercantil están gobernando a su antojo estas entidades. Con posterioridad se refinanció con dinero de las quinielas la deuda con los organismos oficiales. De esta forma, los salvadores de los equipos vieron ingresar en sus sociedades la mayor parte de los recursos económicos que en su día tuvieron que adelantar. Qué fácil hubiera sido hacerlo al revés, primero refinanciar y luego constituir las nuevas sociedades. En resumen, los salvadores están gobernando a su capricho los clubes, sin los esfuerzos económicos que tanto pregonan".

Cuando Benito Villamarín llegó en los años 50 a presidente del Betis puso orden, dio estabilidad y seguridad a la sociedad. Eso es lo que falta ahora. No es un problema de dinero, ni de jugadores, ni de entrenadores. El señor Lopera debería reconocer que ha fracasado en su pretensión de convertirse en el líder de este club. Y debería marcharse. Ahora hace falta otro Villamarín que nos devuelva a Primera.

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