DE POCO UN TODO

Enrique / García-Máiquez

Ver o no ver

EL lunes acaricié la idea de escribir una reseña muy detallada del debate, pero sin perder el tiempo viéndolo. ¿Sería capaz de esa gamberrada? ¿Me pillarían ustedes? Es famosa la anécdota de aquel crítico teatral inglés de cuyo nombre no quiero acordarme que, víctima de una resaca de caballo, mandó la reseña de un estreno teatral sin haberse tomado la molestia de asistir. Acostumbraba, por lo visto, a hacerlo, quiero decir, a no hacerlo. Pero aquella noche, el estreno se había anulado por causas de fuerza mayor, de manera que a la mañana siguiente salió un minucioso artículo de lo que no había acontecido.

Lo que no cuenta la anécdota, y sería lo verdaderamente sustancioso, es si la crítica en cuestión era certera. Como es de suponer que la obra se estrenó después, ¿describía bien las actuaciones, los fallos y aciertos del guión, la puesta en escena y la dirección? Con un poco de experiencia y algo de ambigüedad calculada, podría conseguirse. Yo creo que me atrevería a reseñar a ciegas la próxima película de Woody Allen u otra de Pedro Almodóvar o una nueva novela de Pérez Reverte.

Y del debate aún más, porque las estrategias ya están claras y tenemos a los líderes bastante vistos. Pensaba incluso que, por innovar un poco, le podría dar un toque kafkiano. Pérez Rubalcaba -hubiese escrito- movía desesperadamente las patitas como un escarabajo al que las encuestas han puesto boca abajo, y Rajoy iría a lo suyo, aunque mirando con el rabillo del ojo la zapatilla que se le viene encima en forma de crisis de la que sacarnos. O me dejaría de metáforas-metamorfosis y más telegráficamente diría -pensé- que el auténtico contendiente de Rubalcaba era su pasado y la mayor amenaza para Rajoy su futuro. Con eso, habría salvado los muebles, creo.

Pero deseché la idea. No por miedo al riesgo, que es donde estaba la gracia, sino porque considero que tengo hecho un pacto de veracidad con ustedes. Ni para hacer un experimento literario les engañaría en una columna. Si digo aquí que he visto un burro volando, pueden dudar ustedes de que un burro vuele, naturalmente, pero no de que yo -presa de alguna alucinación- lo haya visto aleteando tan alegremente. Por tanto, pensando que tendría que hablar del debate, como toca, me tragué el debate. Una única sorpresa: el fragor alrededor de la cuestión de las diputaciones.

Y cuando me senté en el ordenador para escribir mis impresiones, me encontré con que el poeta Jesús Beades había aprovechado el ratito para escribirme unos inteligentes comentarios sobre la rima en poesía y su vigencia en el siglo XXI. ¡Cómo vive el tío: me dio una envidia!

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