Hoja de ruta

Ignacio Martínez

Vienen curvas soberanistas

VIENEN curvas soberanistas en España. Hoy es el día nacional de Cataluña. Al menos eso dice su Estatuto en el artículo 8. La Diada siempre ha sido ocasión para la reivindicación independentista, pero hoy está prevista la mayor manifestación de la historia. La crisis ha dado alas a los separatistas. Los medios catalanes publican encuestas que sitúan a una mayoría de la población a favor de excluirse del resto de España. Los medios nacionales publican otras que dicen que una aplastante mayoría de españoles está en contra de semejante cosa. A pesar del habitual buen estilo catalán, su sentido común, su famoso seny, estamos en vísperas de un choque de trenes.

El día nacional de Cataluña en realidad celebra una derrota. Durante la Guerra de Sucesión española que entronizó a los Borbones, el 11 de septiembre de 1714 las tropas de Felipe V tomaron Barcelona, al mando del duque de Berwick, un general de origen inglés antepasado de la duquesa de Alba. Dentro de dos años se cumplen tres siglos y hay quien piensa en el 14 como una fecha fetiche. Como paso previo a otra vuelta de tuerca, el Gobierno autonómico de Cataluña reclama un pacto fiscal como el vasco. O sea, recaudar los impuestos en Cataluña y enviar a las arcas estatales una cantidad fija negociable. En el caso del País Vasco anda en unos 1.300 millones de euros al año...

El argumento de quienes defienden esta estrategia es que Cataluña está discriminada respecto a Euskadi. Lo que es cierto. Fue un error meter en la Constitución los privilegios forales vascos y navarro y fue un error aun más gordo calcular el cupo tan bajo. Pero establecido este principio, también hay que recordarle a los amigos catalanes tres cosas. 1. Que los territorios no pagan impuestos, sino las personas físicas o jurídicas. Un catalán y un andaluz con los mismos ingresos pagan igual cantidad. 2. Que deberían de alegrarse de tener un superávit comercial en el mercado nacional sin parangón en la mayor parte de los grandes países europeos. Eso sólo debe ser motivo de queja para los demás. Y 3. Si se traslada el principio de que los territorios pagan impuestos al interior de Cataluña, resalta lo absurdo de la medida: ¿Aceptarían en Lérida, Tarragona o Gerona que el mayor porcentaje de inversiones se hiciese en Barcelona, que es la que más paga? Por la misma razón, ¿aceptarían los barceloneses que el mayor porcentaje de servicios estuviesen en la capital? ¿Aceptarían en la capital que los barrios más ricos recibieran más atenciones?

En fin, lo que único que hay que celebrar hoy en el resto de España es que la vía catalana a la independencia es pacífica. La derrotada vía vasca, de violencia terrorista, afortunadamente no ha tenido epígonos en otros lares. Pero, con todo y con eso, vienen curvas.

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