Visto y oído

Francisco / Andrés / Gallardo

Vocaciones

RAPPEL aportaba este viernes su dosis de servicio público a Canal Sur recomendando a la familia en Menuda noche que para entrar con buen pie en 2009 (ya saben, el apocalipsis de la crisis que nos aguarda en estos meses) tendrán que ponerse la ropa interior al revés en Nochevieja. No le falta imaginación al chico. A este paso me lo veo dando sabios consejos en Salud al día (ya que veo a Roberto Sánchez por aquí al lado).

Mientras que la cadena pública le daba a las dotes paranormales de juguete, la realidad se posaba en la privada Cuatro. La andaluza Beatriz Díaz visitaba conventos de clausura en una reposada entrega de Callejeros. Las religiosas abrieron las puertas y con ello se comprobó que no son extraterrestres. La vida consagrada (título del reportaje) puede llenar la existencia tanto o más que cualquier opción en el exterior. Incluso la de apurar las madrugadas al relente. A las órdenes, eso sí, les cuesta cada vez más encontrar vocaciones en este mundo y tienen que reclutarlas en el tercero. A la vida contemplativa le falta un plus de promoción. Está bien que desde la bienrrollada Cuatro haya hueco para entrever la cara más sincera de la Iglesia. Todo no es pose de Rouco o voz de Cope.

El horror venía de la mano después con el excepcional trabajo (de excepción, en el tiempo y en sus contenidos) de Jon Sistiaga, con su travesía por los intestinos de México. Condimentado en exceso, Narcoméxico, con sus cadáveres decapitados, su carne de cañón y sus ajustes de cuentas, retrata las cañerías que estallan a cada tramo en ese país, eje cotinental del tráfico de drogas, de sur a norte. Es un reportaje real, incómodo. Duele. Por eso no está llamado a las multitudes de la audiencia.

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