La ventana

Luis Carlos Peris

De cómo acabar con el rito del bocata en la Catedral

PROSIGUE de forma inexorable la cuenta atrás hacia esa meta que es la gran fiesta de Sevilla. Continúa terne, sin posible marcha atrás, sin ni siquiera algún parón que otro. Siguen las conferencias, las proyecciones, los conciertos con cornetas y tambores, incluso, cuando ha hecho su aparición en los ruedos cofradieros el doctor Antonio Escribano, martillo de colesteroles, triglicéridos, demás grasas, parientes y afectos. Disertaba anoche en la Basílica macarena sobre la conveniencia de una alimentación adecuada para nazarenos y, mayormente, para costaleros. Lejos ya los tiempos de los estibadores del muelle, que todo lo arreglaban con medio litro de vino peleón para empezar, sólo para empezar. Va también el prestigioso endocrino contra el bocata y su rito, ese anhelado premio que a la salida de la Catedral le entrega la madre o la novia al nazareno para que el camino de vuelta sólo sea eso y no un calvario.

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