Alto y claro

José Antonio Carrizosa

El arma de la Justicia

SI la Justicia es un pilar básico en el funcionamiento de un sistema democrático, lo peor que pueden hacer los gestores de ese sistema -los políticos en definitiva- es desprestigiarla mediante una utilización torticera e intentar sacar provecho de ella en los escalones más bajos de la lucha partidaria. Convendría preguntarse por qué la Justicia aparece en todas las encuestas como uno de los servicios peor valorados por los ciudadanos. Creo que la respuesta está bastante clara. Por un lado está la falta de recursos, la dilación hasta la eternidad de los pleitos o decisiones judiciales inexplicables e inexplicadas, como la que nuestros lectores han podido seguir esta semana sobre una mujer asesinada por su marido en La Rinconada. Pero también hay que anotar como causa del desprestigio de la Justicia los intentos constantes que hacen los partidos para utilizarla en provecho propio. Y aquí podemos recorrer un largo camino que va desde la gravísima situación de parálisis y desprestigio en la que ha entrado el Tribunal Constitucional con el recurso del PP sobre el Estatuto catalán hasta casos tan chuscos como el protagonizado esta semana por un juzgado de Sevilla con la imputación por delitos graves a un senador socialista. La magistrada ignoraba esa condición y, por lo tanto, la condición de aforado. Sobra decir que la denuncia contra el senador venía del PP y hay que inscribirla en una ofensiva judicial que ese partido está desarrollando en nuestra ciudad. Tras darse cuenta de que era senador, la juez también se ha percatado de que no había motivos para la imputación. De la utilización de la Justicia sabemos mucho en España. A los que tengan un poco de memoria no les será difícil recordar el vendaval provocado desde la Audiencia Nacional que se llevó por delante a Felipe González en las elecciones de 1996. Motivos sobrados había para ello. Pero no cabe duda de que la actuación de algunos jueces fue tan decisiva en la llegada de Aznar al Gobierno como la abierta corrupción de algunos políticos socialistas. Ahora mismo, en Sevilla, las puertas de los juzgados del Prado se han convertido en el primer foco de atención informativa de la ciudad. Ello no es ni bueno ni malo. La Justicia debe trabajar con calma y ajena a las presiones políticas . De otra forma, simplemente, deja de cumplir su función.

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